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Las ramas tiritan. Las tiesas ramas crepitan.

miércoles, 3 de abril de 2013

Convocatoria: Seminario intensivo para dramaturgos y becas del Goethe-Institut

 

PANORAMA SUR :: CUARTA EDICIÓN

del 15 de julio al 2 de agosto de 2013 en Buenos Aires

Un espacio de cooperación inédito en América latina llevado adelante por THE - Asociación para el Teatro Latinoamericano, Siemens Stiftung y Goethe-Institut Buenos Aires.

Abierta la convocatoria para autores teatrales de habla hispana de hasta 35 años que hayan estrenado al menos una obra y se encuentren en proceso de escritura. 

Becas del Goethe-Institut para facilitar la llegada a Buenos Aires de participantes de toda América latina (ver condiciones más abajo).

Postulación general y postulación a becas hasta el 30 de abril de 2013 únicamente a través de: info@panorama-sur.com.ar

 

Sobre Panorama Sur

PANORAMA SUR nació en el año 2010 como un proyecto de colaboración internacional entre la fundación alemana Siemens Stiftung y THE - Asociación para el Teatro Latinoamericano. Este espacio inédito en la región se propone nuclear a dramaturgos y hacedores de teatro de América latina y Europa en una red que potencie el intercambio y el trabajo colectivo. En 2012 sumó sus fuerzas el Goethe-Institut, pues reconoce la importancia de promover esta plataforma de formación y creación teatral y aprovechar la red de institutos Goethe en el continente para fortalecer la idea de cooperación y trabajo en conjunto.

Dirigido por el dramaturgo y director Alejandro Tantanian, PANORAMA SUR reúne en Buenos Aires a jóvenes dramaturgos de habla hispana, acercándolos a reconocidos artistas del país y el extranjero y al público local. En sus tres primeras ediciones (2010, 2011 y 2012), PANORAMA SUR se afianzó como una plataforma de intercambio internacional única en su tipo pues articula diversas actividades a partir de un eje: la producción del texto como motor de la actividad teatral. Así, PANORAMA SUR está concebido como una academia temporal durante la cual los dramaturgos asisten a una clínica de obra en la que trabajan sobre un texto propio, un taller de desmontaje y análisis de obras en cartel, clases magistrales y funciones teatrales, y, al mismo tiempo, como un foro de reflexión más amplio, pues las clases magistrales son abiertas al público en general y se ofrecen además otros workshops de artistas prestigiosos y hasta aclamadas producciones internacionales.

PANORAMA SUR parte de una reflexión sobre la práctica por parte de los propios hacedores y se sustenta en la idea de red: quienes participan no son alumnos que toman un curso, son artistas que se nuclean en un espacio que construye una experiencia enriquecedora de intercambio, reflexión y trabajo colectivo.

Condiciones de postulación y becas del Goethe-Institut:

Destinado a jóvenes autores teatrales de habla hispana de hasta 35 años que hayan estrenado al menos una obra y se encuentren en proceso de escritura. Vacantes limitadas.

Postulación general y postulación a becas hasta el 30 de abril de 2013 únicamente en info@panorama-sur.com.ar. Enviar formulario de pre inscripción, cv actualizado y una obra de propia autoría.

La academia intensiva tiene una duración de tres semanas. En ese tiempo, articula una clínica de obra con talleres de desmontaje y análisis, clases magistrales, asistencia al teatro y espacios de encuentro (ver detalle*). El costo total es de 2800 ARS e incluye las entradas a las obras previstas de la cartelera local y a los espectáculos internacionales presentados en el marco de PANORAMA SUR.

El Goethe-Institut ofrece becas destinadas a facilitar la venida a Buenos Aires de participantes de otros países de América latina cubriendo sus gastos de transporte (clase económica), participación y un subsidio para alojamiento y viáticos. Se contemplarán participantes de los países en que el Goethe-Institut tiene sede, a saber: Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, México, Perú, Uruguay, Venezuela.

Un comité integrado por miembros de las instituciones organizadoras elegirá a los 20-22 participantes y decidirá sobre el otorgamiento de las becas solicitadas.

El seminario intensivo incluye:

  • Clínica de obra: Taller de producción del texto teatral dictado por Alejandro Tantanian. Los autores tienen la posibilidad de trabajar de manera intensa y personalizada en la concreción de un texto teatral guiados por el dramaturgo y director teatral Alejandro Tantanian.
  • Desmontajes: En cada una de las cuatro semanas del seminario se analiza un espectáculo de la cartelera porteña en un proceso que contempla el texto teatral, la puesta en escena y una entrevista con su autor y/o director. Desmontajes es un taller dictado por la dramaturga y licenciada en Letras Cynthia Edul.
  • Clases magistrales: Seis conferencias dictadas por consagrados dramaturgos argentinos, latinoamericanos y europeos que abordarán cuestiones específicas del texto teatral desde su perspectiva creadora. Auditorio Malba – Fundación Costantini.
  • Asistencia al teatro: Entradas al teatro de miércoles a domingo durante las cuatro semanas del seminario.
  • Espacios de encuentro: Eventos sociales diseñados para propiciar los encuentros, así como el intercambio de experiencias e información en un clima distendido.

La programación completa y detallada estará disponible a partir del mes de mayo en www.panorama-sur.com.ar

Este año colaboran además: Malba – Fundación Costanini, CCEBA (Centro Cultural de España en Buenos Aires), Iberescena, TACEC, Complejo Teatral de Buenos Aires, IUNA Departamento de Artes del Movimiento, Festival Tempo Brasil, Ministerio de Cultura de Uruguay, Fundación Siemens.

 

>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>   Carla Imbrogno

Curadora de Programación Cultural

Jefa de Prensa y Relaciones Institucionales

Goethe-Institut Buenos Aires

Tel 0054 11 4318.5629 /  Fax 0054 11 4318.5600

www.goethe.de/buenosaires

viernes, 22 de marzo de 2013

Buenos espectáculos para los chicos

 

por Nora Lía Sormani

Dentro del Primer Festival de Teatro Nacional e Internacional para Niños y Adolescentes ATINA 2003 que se desarrolló en la ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires del 4 al 9 de noviembre de 2003, se realizaron 36 funciones de Teatro para Niños y Adolescentes, a cargo de grupos de todo el país y del exterior, se organizaron tres talleres de perfeccionamiento para profesionales y estudiantes de la actividad, y se organizaron dos mesas redondas con el objetivo de reflexionar acerca de la realidad del Teatro para Niños.

El siguiente artículo fue presentado por la autora en la mesa "Relatos del Festival", donde el jurado de selección de espectáculos (Nora Lía Sormani, Juan Garff y Silvina Reinaudi) hizo una devolución a los elencos sobre los espectáculos que integraron el Festival. Se reproduce con autorización de la autora y de la Asociación de Teatristas Independientes para Niños y Adolescentes (ATINA). Imaginaria agradece a María Inés Falconi, de ATINA, las facilidades proporcionadas para su publicación.

En el Congreso Internacional de Literatura Infantil y Juvenil, organizado por el IBBY, que se celebró el año pasado en Basilea, Suiza, pude escuchar a Jostein Gaarder, el autor de El mundo de Sofía. En su conferencia "¿Libros para un mundo sin lectores?", Gaarder dijo que "la leche materna nunca pasará de moda. Tampoco un buen cuento". Poco después agregó: "Los buenos cuentos son como los virus: se diseminan con facilidad e incluso pueden ser increíblemente contagiosos. No existen vacunas ni vitaminas eficaces para contrarrestar los efectos de un buen cuento. Ni siquiera la realidad —la televisión o los juegos para computadora— puede reprimirlos". Jostein Gaarder tiene razón. Lo mismo pienso del teatro para chicos. El problema es que en la misma conferencia no aclara un aspecto fundamental: qué debe entenderse por "un buen cuento". Por extensión, qué es la buena literatura. Yo me pregunto ¿qué es un buen espectáculo? ¿Cuál es el buen teatro para niños?

En mi tarea como espectadora y crítica, vuelve una y otra vez la misma inquietud: qué son los buenos espectáculos para los chicos, qué criterios seguir para elegirlos, como diferenciarlos de los regulares, mediocres o incluso los malos. Todos sabemos que un buen espectáculo es aquel que nos produce admiración y deseo de volver a verlo; todos también sabemos qué sentimos cuando estamos ante un espectáculo pobre o insignificante. El problema es llevar ese conocimiento a la formulación de una metodología de criterios de selección.

Teatro vivo, teatro mortal

Peter Brook distingue entre un teatro vivo y un teatro mortal. El primero es el que emociona, hace pensar, divierte, estimula, mueve a la acción al espectador y ensancha su experiencia del arte y del mundo. El teatro mortal, por el contrario, es el que sumerge al espectador en el aburrimiento, en una parálisis emocional e intelectual de su espíritu y que, para colmo, lo obliga a negar esa situación y a atribuirle virtudes. El teatro mortal —dice Brook— es el que nos aburre irremediablemente pero nos han enseñado a respetar porque "eso" es ir al teatro. Pero ¿cómo distinguirlos?

Aclaraciones

Para elaborar una propuesta debo dejar planteadas previamente algunas salvedades:

Hablar de espectáculo vivos y espectáculos mortales implica una teoría del gusto y una teoría del valor. Ambas están atravesadas por la subjetividad (las normas de gusto y de valor que impone cada individuo) y la por intersubjetividad (las normas establecidas colectivamente por la cultura, la historia, la política).

No hay espectáculo que no tenga algo bueno, por lo tanto, de entrada, hay que relativizar la rotundez de las delimitaciones. Porque los espectáculos son objetos complejos y múltiples, que tratan permanentemente con la incertidumbre. Como afirma Graciela Montes (1) pero refiriéndose a la literatura. "La literatura —el arte en general— ha estado siempre del lado de la diversidad. Ha cumplido su papel en la exploración de los bordes del enigma, construyendo pequeños universos de sentido. No explicaciones: universos, o más sencillamente, juegos. Frente a lo incomprensible, pero denso y deseable en su presencia —"lo otro", el bosque, los enigmas—, el arte no se ocupó de señalar certezas sino que más bien jugó con la incertidumbre. Esta ha sido su tarea, la continuación del juego. La literatura para niños también ha desempeñado ese papel, siempre que se atuvo a las reglas del arte".

No hay nada tan útil para descubrir qué es un gran espectáculo como asistir a espectáculos mediocres. En ellos palpamos la ausencia de lo que convierte al teatro en un acontecimiento y, en consecuencia, también expectar espectáculos malos nos hace más sabios.

Seleccionar, una necesidad

Pero, hechas estas salvedades, reconozcamos por qué debemos privilegiar los buenos espectáculos, por qué no podemos soslayar los criterios de selección, ni tampoco podemos delegarlos ni en las máquinas, ni en las instituciones, ni en los partidos, sino que dependen estrechamente de nuestra opinión y experiencia como espectadores:

Porque son tantos, tan intensos y atrapantes que es una pena perdérselos.

Porque no tenemos todo el tiempo del mundo y es justo aprovecharlo.

Porque generalmente nos vemos obligados a recomendar y a poner en contacto a los niños con el teatro, y una obra mediocre puede ser la causa de un futuro adulto no espectador.

Michèle Petit (refiriéndose a la literatura y yo lo hago extensivo al teatro), afirma que los buenos libros ayudan a construir la subjetividad. Parafraseando sus ideas, yo digo que el teatro puede ser un atajo privilegiado para elaborar o mantener un espacio propio, íntimo, privado, para dar sentido a la experiencia de alguien, para darle las palabras a sus esperanzas y a sus deseos. El teatro —siguiendo a Petit— puede ser también "un auxiliar decisivo para repararse y encontrar la fuerza necesaria para salir de algo; y finalmente, otro elemento fundamental, el teatro es una apertura hacia el otro, puede ser el soporte para los intercambios". (2)

Bases epistemológicas

Ofreceremos a continuación aquellos criterios que seguimos personalmente a la hora de definir un buen espectáculo. Dichos criterios dependen de dos principios epistemológicos (el análisis del conocimiento científico, la conciencia del sujeto que conoce de cómo conoce):

Desplazar los caprichos del gusto y la circunstancia por el pensamiento crítico, es decir, cada afirmación debe ser acompañada por la correspondiente argumentación.

El reconocimiento debe adecuarse al reconocimiento de los territorios de cada poética y no pedirle a una poética lo que corresponde a otra. De la misma manera que, como dice Peter Brook no puede reclamársele a un vodevil que sea una tragedia. La inadecuación crítica puede producir efectos de interpretación muy valiosos, pero no nos sirve para nuestro objetivo porque por supuesto siempre un excelente vodevil sería una pésima tragedia. No valorar un espectáculo de títeres para chiquitos como si fuera una obra de Héctor Presa, destinada a otro público y con otra poética.

Criterios de selección

Nuestros criterios de valoración de los libros son los siguientes:

Criterio técnico: un buen espectáculo debe estar técnicamente bien realizado, la técnica depende de la poética de que se trate. Cada género discursivo impone las reglas de su técnica, e incluso los espectáculos más bizarros o que trabajan con cruces acaban elaborando una técnica específica. Para ello hay que preguntarle al espectáculo cómo está compuesto en sus diferentes niveles: fonológico, léxico, morfológico, sintáctico, tematológico y semántico. Es decir, preguntarle al texto por sus sonidos, sus palabras, sus procedimientos formales, sus estructuras profundas (sintaxis, estructura narrativa abstracta que se diseña a partir de seis grandes universales: sujeto, objeto, ayudante, etc.), sus inscripciones temáticas, su sentido, etc.

El segundo criterio es el del acuerdo entre el proyecto creador y el espectáculo resultante: muchas veces un espectáculo puede estar animado por objetivos dignos de aplauso, procesos de creación fascinantes, ideas, y materiales compositivos de primer orden y, sin embargo, el resultado es decepcionante. Una metáfora culinaria tal vez ayude a comprender este segundo criterio: la del souflé, que hemos preparado con los mejores materiales, todo el cariño y de acuerdo con la receta infalible, y sin embargo, no levó.

El criterio ideológico: el buen teatro es el que hace bien, el malo, es el que hace mal. Hace mal por ejemplo, aquel teatro que estupidiza a los chicos, aquel que los vuelve grises ovejas del rebaño, aquel que disfraza trivialidad como sabiduría, aquel que infunde autoritarismo, aquel que inculca intolerancia y racismo, aquel que no respeta los derechos humanos, aquel que se burla del más débil, aquel que enseña el solipsismo, el arribismo o la corrupción, aquel que se aleja de las bases del humanismo, aquel que no colabora con la formación de seres humanos más nobles y sensibles. El mal teatro para los chicos es aquel que hace mal porque contribuye a afianzar un mundo del que los hombres deberían avergonzarse. Tenemos derecho a tomar posiciones ideológicas frente al teatro que trabaja a favor de la guerra o del fundamentalismo o del mero comercio, de la injusticia o la desigualdad.

El criterio de la relevancia: otra cosa imperdonable al teatro es que sea aburrido, que invite al sopor antes que a la emoción, a la pasividad antes que al dinamismo, a la sensación de vacío y a la estupidez, al olvido antes que al reencuentro. Bruno Bettelheim y Karen Zelan en el libro Aprender a leer (3) dedican todo un capítulo al tema del peligro del aburrimiento en los libros para chicos analizando detalladamente los textos de los libros de lectura. El capítulo se titula "Textos vacíos; niños aburridos" y consideran que este aspecto es determinante para espantar a los niños de la lectura.

Un criterio propio y específico del teatro infantil es el de la adecuación a la competencia del espectador. Aspecto que atañe tanto al aspecto técnico (qué capacidad tiene un niño de decodificar y comprender un espectáculo) y que atañe también al campo de los intereses propios de cada etapa de la infancia. Por ejemplo, Animales, de Pablo Vergne. Se trata de que los espectáculos puedan enseñar a ser espectador acogiendo a los niños en su estadio actual y motivándolos a avanzar en la complejidad y riqueza de los espectáculos.

En consecuencia, sostenemos que un espectáculo lo es por la confluencia, la aportación conjunta de su técnica, su adecuación entre el proyecto creador y resultado, su ideología y su relevancia. Ninguno de estos criterios funciona autónomamente: conocemos espectáculos de técnica impecable y sin embargo, repudiables ideológicamente, sabemos de espectáculos de ideología intachable y bienintencionada pero mediocres por su técnica, su resultado y su falta de relevancia.

La selección, una práctica intransferible

Pensar en criterios de selección es una tarea indispensable, con la que lidiamos día a día, ya sea para nuestros propios hábitos de espectadores, o como mediadores entre los niños y las obras. No podemos delegar esta tarea, no por desconfianza, sino porque la selección requiere de nuestro ejercicio de argumentación crítica. La selección es una práctica por necesidad y es intransferible. Si seleccionamos espectáculos para los chicos es para orientarlos en el camino de elaboración de sus propios criterios de selección. Ya llegará el día en que podremos confrontar con ellos nuestras respectivas argumentaciones críticas, nuestras respectivas elecciones.

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Notas

(1) Graciela Montes, "El bosque y el lobo. Construyendo sentido en tiempos de industria cultural y globalización forzada". En Memorias. El Nuevo Mundo para un nuevo mundo, Actas 27° Congreso IBBY, Cartagena de Indias, septiembre de 2000. Véase también, de la misma autora, La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético (México, Fondo de Cultura Económica, 1999).

(2) Libros más importantes de Michèle Petit: Lecturas: del espacio íntimo al espacio público (México, Fondo de Cultura Económica, 2000) y Nuevos acercamientos a los jóvenes y a la lectura (México: Fondo de Cultura Económica, 1999).

(3) Bruno Bettelheim y Karen Zelan. Aprender a leer (Barcelona, Crítica, 1983).

Espacio e ideología en el teatro para niños

 

Edición N° 2 - Palos y Piedras

Cómo citar este artículo

Sormani, Nora Lía. "Espacio e ideología en el teatro para niños". La revista del CCC [en línea]. Enero / Abril 2008, n° 2. [citado 2011-07-27]. Disponible en Internet: http://www.centrocultural.coop/revista/articulo/44/. ISSN 1851-3263.

A pesar de su carácter efímero, el teatro para niños no pasa sin dejar huella y es una disciplina de aportes invalorables, porque de una forma inmediata y amena conecta al niño con el mundo del arte y le abre las puertas de la sensibilidad estética, de la reflexión, de la capacidad de emocionarse, reírse y llorar y de comprender diferentes visiones de la vida y del mundo. Tiene con respecto al “teatro para adultos” rasgos de comunidad y de diferencia. Es decir, comparte con el teatro para adultos muchos elementos y, a la vez, tiene ciertas reglas y códigos de funcionamiento que le son propios. Uno de estos rasgos específicos es la manera en que el teatro infantil plantea los espacios del espectador niño.

Tal como lo expresa Patrice Pavis en sus estudios de semiótica1, la noción de espacio se aplica en el teatro a aspectos muy diversos del texto y de la representación. El espacio dramático es el espacio abstracto al que se refiere el texto y que el espectador debe construir con su imaginación. El espacio escénico, en cambio, es el espacio real donde se mueven los actores, ya sea un escenario, un área dentro de una sala, u otro recorte espacial no convencional. Al concepto de espacio escenográfico corresponde el lugar en el que se sitúa el público y los actores durante la representación (el edificio teatral, la calle, la plaza, etc.), suma del espacio del público y del espacio de los actores.

¿Cómo funciona esta distribución de los espacios en el teatro para niños? ¿Existen los mismos espacios o éstos aparecen desdelimitados? ¿Varían estos espacios según el circuito al que la obra pertenece? ¿Surge de la propuesta estética del teatrista? ¿Se genera espontáneamente a partir de la conducta del niño como espectador? Estos son algunos de los interrogantes que involucran esta problemática.

Tradicionalmente, el teatro para niños trabajó con un modelo esquemático de representación en el cual el público infantil debía participar activamente en diversas circunstancias. Primero: mediante el acompañamiento de la música del espectáculo con palmas, zapateo, gritos o abucheos. Segundo: a través de la respuesta a interrogantes planteados desde el escenario: desde el famoso: “¿Cómo están, chicos?, “¡Más fuerte!”-; pasando por la intervención del espectador en la trama: “No encuentro a mi mamá”, dice un personaje. “¿La vieron pasar?” o “Me persigue el lobo”, dice otro personaje. “¿Me avisan si viene?”. Tercero: mediante la intervención física en el escenario, ya sea para participar de un juego, tomar el rol de un personaje o bailar con los actores en la escena final. En este tipo de teatro tradicional se busca la caída del espacio de veda o reserva (en términos de Gastón Breyer2), la unificación de los espacios dramático, escénico y escenográfico (según Pavis), con vistas a transformar la expectación en participación. De acuerdo con este modelo, el niño no expecta, sino que juega activamente y es él mismo parte del espectáculo, cuyos artistas adquieren simultáneamente el rol de animadores.

Los teatristas que trabajan de esta manera parten de una observación pragmática: al niño hay que entretenerlo a toda costa para que no se convierta en un saboteador del espectáculo. Hay que ofrecerle un alto nivel de participación porque es comprobable que los chicos más pequeños no perciben el salto ontológico que implica el pasaje del orden de lo real al orden poético, y en tanto aún no han interiorizado la convención expectatorial y por lo tanto creen estar en convivio (en términos de Jorge Dubatti3) con las criaturas de ficción, no “saben” todavía ser espectadores y requieren que se los estimule y entretenga de otra manera. El teatro adquiere así el estatuto de sucedáneo de la fiesta infantil.

Tomemos un ejemplo frecuente en los espectáculos callejeros de títeres de retablo. Los muñecos estimulan el borramiento de los límites de los espacios. Desde el retablo, el personaje ofrece una visión del espacio del público: el rey (no el titiritero) dice: “Cuántos chicos que hay hoy” o “Acérquense más que hay lugar por aquí adelante”. El personaje derrumba toda posibilidad de ilusión de cuarta pared y contamina el espacio público anulando toda diferencia. De esta manera, desde la perspectiva del adulto, el espacio dramático se amplía; desde la mirada del niño, no hay espacio dramático sino campo de juego y convivio.

Si bien este modelo tradicional de tratamiento del espacio sigue muy vigente en cientos de prácticas de la escena infantil, desde hace ya mucho tiempo se ha afianzado una actitud de rechazo a la modalidad del teatro-participación y del actor-animador presente en general en los espectáculos que integran la modernización de este lenguaje. En Buenos Aires, uno de los principales responsables de esta posición de enfrentamiento es el director Hugo Midón (autor de La vuelta manzana, Vivitos y Coleando, La familia Fernández, Huesito Caracú, entre otros). Por otra parte, desde los años setenta Midón es modelo de sucesivas generaciones de teatristas dedicados a los niños. El punto de partida de este talentoso director es la asimilación de los mecanismos del teatro para niños a los del teatro para adultos. Midón afirma una y otra vez que no hay diferencias entre el teatro para niños y el teatro para adultos y que, por lo tanto, sus procedimientos deben ser idénticos. Considera que estos principios los heredó de su maestro Ariel Bufano, quien decía que el arte era igual para todos: “Una rosa es una rosa tanto para un niño como para un adulto”.

Uno de los cambios que introdujo esta nueva concepción del teatro para niños fue la vuelta a la división de los espacios distinguidos por Pavis. Los espectáculos así concebidos no involucran al espacio del público en el espacio dramático. Si etimológicamente teatro significa “mirador”4, la función fundamental del niño espectador debe ser la de observar, mirar, contemplar los mundos poéticos, y dejarse afectar emocional, estética, lúdica e ideológicamente por ellos. De esta manera el centro de actividad del niño está ubicado en la estimulación de su capacidad imaginaria, en la exaltación de su competencia representacional y simbólica. No se trata de hacerlo trabajar físicamente sino de invitarlo a desarrollar al máximo el placer de la imaginación. Esta concepción plantea un interesante paralelo entre el teatro y la representación imaginaria que el niño pone en ejercicio cuando le leen o lee un cuento. Enrique Pinti, otro gran teatrista para niños de Buenos Aires (autor de Corazón de bizcochuelo y Crema rusa, entre otras) ha señalado en un reportaje que le hicimos en ocasión de un estreno: “Las obras deben mantener la división entre el espacio de la representación y el espacio del espectador. Hay que escribir obras sustanciosas dramáticamente, cerradas en sí mismas, autónomas de la intervención de los niños, que no tengan que ser completadas por el trabajo de los niños de aplaudir, indicar hacia dónde debe ir el personaje, y muchas otras cosas. Esa era una avivada de los teatristas para trabajar menos”.

Los artistas y grupos independientes más destacados del teatro para niños hoy en Buenos Aires: Clun (dirigido por Marcelo Katz), La Galera Encantada, La Arena (dirigido por Gerardo Hochman), los hermanos Alvarez (titiriteros que recorren todo el mundo con sus obras), La Banda de la Risa, María Romano y Daniel Casablanca, la titiritera búlgara Antoaneta Madajarova y muchos otros, trabajan bajo esta concepción. Adelgazan el nivel de participación y estimulan el de la expectación. Por el contrario, el teatro comercial para niños persiste en el presente en la concepción del teatro como uniformación de espacios, y en el rol del actor-animador. Hoy resulta un auténtico bastión de la concepción tradicional y la razón es muy sencilla: la voluntad de captación de un público masivo y subestimado en su capacidad de representación imaginaria, así como el interés por la excitación de los niños hacia la compra de merchandising. El entusiasmo que despiertan el juego y el convivio con los artistas (que generalmente provienen del circuito televisivo), permiten deslizar una invitación permanente a la compra de objetos que suelen ser ofrecidos a la entrada y a la salida y, a veces, durante el espectáculo. Los objetos generan la ilusión de continuidad material del encuentro y el juego con el artista. Reemplazan el vínculo simbólico de estimulación imaginaria por el fetichismo materialista.

Es ejemplo clarísimo de este fenómeno la obra El corazón de la isla, protagonizado por la animadora Laura Franco, conocida como Panam, que trabaja durante todo el espectáculo con la uniformación de espacio dramático-escénico-escenográfico. Desde el comienzo, la conductora interpela al público saludándolo (“Halaia, chicos”), a lo que el público responde (“Halaia, Panam”) y mostrándoles el mundo del espacio dramático y escénico como si estuviera abierto y al mismo nivel que el espacio del público. Además, los personajes del espacio dramático manifiestan constantemente su conocimiento de lo que pasa en el espacio del público. Un ejemplo, lo constituye el personaje de bruja interpretado por la actriz Gladys Florimonte, quien ataca a los espectadores refiriéndose a sus rasgos peculiares (“Me escuchás vos, que le estás dando de mamar a tu hijo mientras yo hablo”, dice la actriz o “Vos, nene, el de rulitos que llora”). Este procedimiento es puesto en evidencia en la misma obra, ya que en la segunda parte de El corazón de la isla Florimonte realiza la parodia de las interpelaciones hechas por Panam al público. La célebre actriz cómica se pone una larga peluca rubia y grita grotesca y burlonamente a los niños: “Halaia, chicos”, mientras recibe la respuesta negativa de los mismos, que le gritan: “¡Vos no sos!”.

Estas líneas no pretenden invitar a la desautorización y la erradicación del modelo tradicional. Sólo se trata de tomar conciencia de sus limitaciones y de sus objetables implicancias ideológicas. Por otra parte, qué útil y satisfactorio sería un teatro para niños de convocatoria masiva que estimulara en los hombres del futuro su capacidad simbólica y de ejercicio de la imaginación. Porque, como dice Pavlovsky en Variaciones Meyerhold, no hay arma creadora más potente que la imaginación.

clip_image002Notas

1 Patrice Pavis, 1998, Diccionario del Teatro. Dramaturgia, estética y semiología, Barcelona , Editorial Paidós.

2 Gastón Breyer, 1968, El espacio escénico, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina.

3 Jorge Dubatti, 2003, El convivio teatral, Buenos Aires, Atuel.

4 J. Dubatti, 2005, Filosofía del teatro I: Mirador, Buenos Aires, Atuel.

jueves, 1 de noviembre de 2012

LAS MANOS [Enrique Anderson Imbert]

 

El hecho había sucedido antes de que pavimentaran el playón de los camiones, donde cada tanto se planta algún parque de diversiones.

En la sala de descanso estábamos comentando las rarezas de Céspedes, el nuevo empleado del sector limpieza, cuando alguien, desde la ventanilla, nos avisó que ya venía por el corredor de planta alta.

Nos callamos, con las caras atentas. Se abrió la puerta y por un instante la luz plateada de la tarde ingresó por los ventanales, flameando sobre los hombros de Céspedes.

Saludó con una inclinación de cabeza y fue a firmar. Entonces vimos que levantaba dos manos erizadas de espinas.

Trazó un garabato y sin mirar a nadie salió rápidamente rumbo al armario.

Días más tarde se nos apareció en medio de la sala, sin darnos tiempo a interrumpir nuestra conversación. Se acercó al escritorio para firmar el presente y al tomar el lapicero mostró las manos inflamadas por las ampollas del fuego.

Otro día ­–ya todos los empleados del Hiper nos habíamos acostumbrado a vigilárselas– se las vimos mordidas, desgarradas. Firmó como pudo y se fue. Céspedes era como el viento: si le hablábamos se nos iba con la voz.

Pasó una semana. Advertimos que había venido otro maestranza en su reemplazo. Habían despedido a Céspedes por ausentarse mucho del trabajo, y nadie sabía dónde estaba. El encargado de seguridad, que conocía su casa, la había visto abandonada. En la empresa de limpieza a nadie le preocupó la desaparición. Lo despidieron por irresponsable.

–Encima era muy vueltero, y se agarró con el patrón –agregaba, insistente, uno de los repositores de la tarde.

En las primeras horas de la mañana del sábado siguiente, a una de las cajeras del primer turno le había llamado la atención algo que vio antes de entrar al trabajo. La forma de un cuerpo, de un hombre, tendido entre el yuyal despelechado de los baldíos del Hiper. Era Céspedes, y aún vestía el uniforme de trabajo.

Estaba muerto, sin manos.

Se las habían arrancado de un tirón.

Se averiguó que Céspedes no era sólo un limpia pisos: había andado a la caza del arcángel sin alas que conoce todos los secretos. Quizá Céspedes estuvo a punto de cazarlo en sucesivas ocasiones. Si fue así, el arcángel debió de escabullirse en sucesivas ocasiones. Probablemente el arcángel creó la primera vez un zarzal, la segunda una hoguera, la tercera una bestia de fauces abiertas, y cada vez se precipitó en sus propias creaciones arrastrando las manos de Céspedes hasta que él, de dolor, tuvo que soltar.

Quizá la última vez Céspedes aguantó la pena y no soltó. Quizá fue arrastrado por el baldío hasta el fin, y el arcángel sin alas volvió humillado a su reino, con manos de hombre prendidas para siempre a sus espaldas celestes.-

 

Enrique ANDERSON IMBERT (adaptación)

 

NOTA. Adaptación realizada con fines didácticos, empleando el marco de la ciudad de Formosa (Argentina), para trabajar la relocalización en el contexto de los alumnos, y potenciar la significatividad del mensaje literario por referencia a las experiencias de vida comunes. Noviembre, 2012.

martes, 3 de enero de 2012

El silencio

 

El silencio es una tumba. Es una demanda universal que me hace ella porque soy una partícula de mierda que conforma todas las dimensiones de la mierda que puedan ocurrírsele a un ser humano. Tengo los dedos llagados, la lengua hecha pedazos -pienso que piensa ella. Mi nudo es una garganta. Mis ojos no miran, no quieren verte, quieren cerrarse, dormir. No quiero tus manos, la forma de tus manos, la caricia de tus manos, la forma de tus caricias, que son un espécimen sádico de lo cariñoso, un golpe de suerte, un golpe de calor, un galope, una pedrada al beso. No quiero ni te quiero, hoy, que es un viernes, o es un día de la semana cuyas leyes me resultan hoy indescifrables, como el deseo –que no me tiene. En ademán ya me rechaza y la repugno, soy callado, soy el que calla, ella calla, ella es el silencio, y mi corazón un trampolín hacia un campo de espineles, de fusilamiento a ciencia cierta. Yo soy una ballena tratándole de surcar los mares. Ella es un impulso, una ostra perpetua, un capullo ante el anochecer, cerrado, como una esquirla de amor, como su vorágine, acaso como su anhelo disipado. Yo camino casi malandrín recorriéndola, ella me da un beso en el aire, ella quiere el aire, ama el aire, ama la libertad, escaparse de mí, fortalecerse, guarecerse, desguadarramarse. Es ella, su ley, su noche, su horadaje, el lecho donde descansan sus hijos y sus peces. Es ella, atravesada por la decisión, acaso ofendida y mucho más, acaso libre, percibida libre, decidida libre. Es ella, acurrucada a mi costado, aplanándome con unos zarpazos suaves, con la punta de sus pies, con su inexpugnable pensamiento, con sus límites desbordados de sí misma, ante mi, sumiso, torpe, usado, deshauciado, degenerado, asqueroso y ruin. Ella es la que calla. Muero. Es su silencio.

domingo, 4 de diciembre de 2011

“M’hijo, el dotor”: Composición del drama rural

 

Por Rodrigo N. Villalba Rojas

El Taller de teatro de Los Gregorianos estrenó recientemente la emblemática obra “M’hijo el dotor”, de Florencio Sánchez, en una puesta afectada de realismo y una atmósfera entre lo urbano y rural cercana a los inicios del siglo XX, bajo la dirección de Lázaro Mareco. La historia retrata con agilidad las tensiones vigentes hasta nuestros días entre las costumbres tradicionales de nuestros mayores, frente a la pérdida de valores de las nuevas generaciones. En ese clima discordante, será el destino de la joven ahijada el último e infeliz motivo de fractura en la relación de padre e hijo.

El texto de Florencio Sánchez fue respetado en gran medida, aunque la mano del director aporta una secuencia interesante para completar el escenario: las sombras chinescas, que representan el ambiente exterior a la estancia, imprimen un tono diferente a la acción. Cuando Jesusa (Mariela Toledo), la protagonista, sale a buscar un tordo extraviado, es la luz posterior de escena la que nos devuelve su silueta contra una pantalla de lienzo, y en una película de sombras, como un pecado, vemos el acoso de Julio (Hugo Cabrera) a la chica.

Las luces, a su turno, aportan lo justo y necesario para crear espacios de comunicación o de reflexión de los personajes, lo sombrío, lo místico popular, y lo cotidiano en diferentes momentos. Los objetos escénicos crean el lugar con la sencillez de la referencia inmediata propia del realismo, y dejan el resto del escenario a la interacción lumínica.

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Los intérpretes hacen ver el empeño por desenvolverse satisfactoriamente. Sobresale especialmente el motivo de la tríada formada por Jesusa, Don Olegario (Tomás Caballero) y Doña Mariquita (Ida Pilone). El martirio de Jesusa se roba el papel protagónico, como sabemos, traicionando al título; mientras el personaje encarnado por Caballero con notable naturalidad, se corresponde con el de Ida Pilone, en justo rol dramático, a pesar de que subsisten en la actriz algunos tics capturados de otros papeles anteriores.

La interpretación resulta algo más ríspida en las figuras masculinas de Julio y Don Eloy (Julio Meza), tanto más cuanto mayor es su importancia en el desarrollo del drama. Los jóvenes actores, se nota, aún se hallan en proceso de composición de sus papeles, trabajando en la búsqueda de la interpretación natural, donde no se evidencie, como aquí asomaba por momentos, cierta dificultad en conjugar el cuerpo y la voz, cierta tendencia a la rigidez de lo sobreactuado. Así, las actrices lograron mayor naturalidad y varios roles menos efímeros, incluida la Mamá Rita, curandera de Laura Duré que se gana su lugar frente al público.

Por lo demás, la reflexión constante sobre el desenvolvimiento escénico, siempre favoreció a los actores para llegar a buen puerto, y esa labor se hace evidente en la composición viva del drama.

FICHA TÉCNICA:

Obra: “M’hijo el dotor”
Autor: Florencio Sánchez
DIRECCION: Lázaro Mareco

Grupo Taller de teatro de Los Gregorianos

ELENCO: Ida Pilone, Mariela Toledo, Laura Saavedra, Elvira Insfrán, Laura Duré, Tomás Caballero, Hugo Cabrera, Julio Meza, Facundo Navarro.
Estrenado el 05/11/2011

Sala: Los Gregorianos (Ayacucho 171)

lunes, 29 de agosto de 2011

LA ISLA DESIERTA - Cómo desbordar la oscuridad

Por Rodrigo N. Villalba Rojas

El grupo Ojcuro está conformado por actores videntes y no videntes. En el marco de la Fiesta Internacional de la Integración y el Reconocimiento presentaron LA ISLA DESIERTA de Roberto Arlt, en una versión inigualable.

FICHA TÉCNICA:
Obra: LA ISLA DESIERTA
Autor: Roberto Arlt
Dirección: José Menchaca
Elenco: Francisco Menchaca, Eduardo Maceda, Laura Cuffini, Marcelo Gianmarco, Mirna Gamarra, Verónica Trinidad, Juan Mendoza, Mateo Terrile, Andrés Terrile, Jesús Igriega. Sonidos: Cruz Aquino.
Sala: Salón Dorado, Hotel Internacional de Turismo, Formosa.
Puesto en escena el día 17/08/2011


A propósito de ciegos que guían a otros ciegos (hoy, la frase, más afortunada que nunca), va siendo hora de que empecemos a reconocer como propio y posible el mundo “a oscuras”. ¿Alguno “vio” esta obra? “La isla desierta” (Roberto Arlt, en puesta del Grupo Ojcuro, Bs. As.) comienza siendo un viaje iniciático, un descenso a los orígenes, al abismo, a la profundidades que, contrariamente a lo que muchos de nosotros creíamos, son un destello inabarcable, una suma infinita de estímulos que raya la locura y el deleite -locos de nosotros, jubilosos de reconocer el mundo, aún a oscuras-, y comprime el alma, el estómago, el espíritu, y lo prepara para la explosión, para la expectativa del nacimiento. ¿Lo sintieron? Es nacer de nuevo, a oscuras. Es nacer al mundo a oscuras. Parteras con forma de hombros de los que debemos ceñirnos y avanzar. Parteras de voz dulce, cuya cadencia sugiere una plenitud y una calma irrepetibles. Que nos hablan a través del perfume, de la seguridad, del tacto, el aliento, el amor. Sí, el amor.
Jamás habíamos sentido que entrar a una sala, sólo entrar a una sala, pudiera ser toda una experiencia épica. Y luego el silencio, el caos de las otras voces desesperadas como parturientas primerizas, y las voces comadronas tiñéndonos de calma.
Isla desierta, paisajes, ventanales, luz solar, eléctrica, sepulcro. Esa mezcla rara de estímulos visuales que no existen en la oscuridad absoluta, abren las puertas inmensurables del oído y el olfato, abrumados por esos ritmos severos de traqueteos mecanográficos, contra las voces que se imponen; abrumados por esos olores fragantes, indefinibles, exquisitos, por magia de los cuales nuestra intuición, afiladísima y deseosa, busca parentescos naturales, semejanzas, identificaciones.
Sí, la máquina traquetea oficinista; después el olor a café, a sandía, no sé, tantos olores, tantos sonidos, barullo de monte, de ritos tropicales, tanto tacto, tanta tempestad del cuerpo y el espíritu para vivir esas dos horas que nos marcan la vida (y ellos, que tienen la vida entera cercada por el universo sensorial e invisible), que tenemos conciencia, de repente, de que no volverán a disolverse después de abandonar la sala. Nos marcan.
La emoción de cada una de las palabras regaladas al oído del espectador, compone paulatinamente el ritmo de la historia, los personajes, las situaciones, el ambiente, y dirige un espectáculo que funda su espacio escénico en el interior de uno mismo. Un espectáculo del reconocimiento de nuestras propias posibilidades, conocimientos, sensaciones, expectativas y esperanzas. Todo cifrado en un caudal en el que la voz, el mínimo detalle, la mínima inflexión, las articulaciones, los tonos, los timbres, las dimensiones, las ubicaciones de todos los estímulos en todas las direcciones de la sala y en todos los sentidos, crean un tejido de signos tamañamente densos, que reducirlas a una descripción estética, a un registro sonoro, a una foto, no darían una idea aproximada de la experiencia, nunca. He ahí el valioso y meritorio papel de aquella docente que encauzara a sus alumnos a una de las puestas. Un niño con una experiencia de riqueza desmedida, no la olvida jamás.
La isla desierta, ni es una isla, ni es desierta. La oscuridad no es una oscuridad. No es, en fin, un descenso. El abismo tampoco es tal, y mucho menos la vista, la luz, los colores. Sólo somos nosotros, cada uno de nosotros, y en conjunto, inmersos en el mundo, sin visión, ni noción de la luz y, por eso mismo, también, sin límites.
 

sábado, 14 de mayo de 2011

“SÓTANO II” - Profano y religioso

 

Por Rodrigo N. Villalba Rojas

Antes que nada, cómica, “Sótano II”, a través de sus accidentados vaivenes entre la parodia religiosa, los vicios, y el lado ridículo de nuestro mercado, saca jugo a la cara ramplona del negocio del contrabando –sobre todo el de cigarrillos, insignia de la realidad formoseña–, y la viveza criolla, que sobra por donde se nos mire.

Y cruzado esto oportunamente con los vicios y corrupción a que nos tiene acostumbrados la liviandad decadente de ciertos oficiantes católicos, apunta a generar un espectáculo deliberadamente dispar y satírico: manejo de la trama que trae a memoria los tipos de la clásica comedia de caracteres, más los recursos al anclaje y sus localismos, que resultan altamente efectivos a la hora de desencadenar la carcajada en la sala.  

Notables cuadros humorísticos, que confeccionan la trama, disimulan su sencillez; y aunque el chiste fácil y su innecesaria reiteración, en alguno que otro momento, tratan de redondear una secuencia ya suficientemente definida, están aquellas que, por su ingenio, se bastan a sí mismas: la exposición y traslado de la inerte hermana Catalina hacia el sótano; las reacciones de sorpresa desmesurada de la hermana María; y la desvergonzada sesión de fechorías lujuriosas con el inconsciente Monseñor (Francisco Gayoso), que a la larga será devorado por el chantaje y el torbellino de vicios.

La hermana María (Natalia Ruíz), mundo propio, carácter enredado, inyecta al argumento su ritmo hiperactivo, devora con rudeza, ruin y mezquina, llora a lo loco y gesticula maquiavélicamente, y por la solución entre su expresiva solemnidad y cierta chabacanería ampulosa, colma el espacio de acción y resume el enfrentamiento de la afilada lascivia y el recelo de su compañera (Isidora Núñez), contra la compostura severa del Monseñor, inquisidor venido a menos.

A escenario pelado, y con lo justo y necesario de luces y disfraces, identificando al formoseño medio en sus buenas prácticas, “Sótano II” resulta suficiente de humor y fábula, para pasar el rato divertidos y sin despegarnos del bendito suelo.

 

FICHA TÉCNICA

Obra: SÓTANO II
Dirección: Isidora Núñez
Elenco: Natalia Ruíz, Isidora Núñez, Francisco Gayoso, y actriz invitada
PUESTA EN ESCENA EL 06 de MAYO de 2011
en SALA LOS GREGORIANOS

FORMOSA, 06/05/2011