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Las ramas tiritan. Las tiesas ramas crepitan.

martes, 13 de agosto de 2013

LA ABUELA [Velmiro Ayala Gaúna]

 

Para el lado del cañadón de "Los Patos" vivían los Maidanas. Cerca y lejos del pueblo a un mismo tiempo. Cerca para intervenir en sus actividades, pesar en sus pleitos y gozar de sus alegrías, y lejos, para mantener en alto sus rebeldías y desafiar, al amparo de la selva y del estero, a la autoridad o a sus enemigos.

El rancho y el campo circundante eran su feudo. Durante mucho tiempo esa comarca fue suya y en ella dictaron su ley y la impusieron a fuerza de coraje y a punta de cuchillo.

Pero ya ese tiempo había pasado. Batallas y peleas fueron diezmando a los varones que morían fieles a su código ancestral: "a lo macho, a lo Maidana". Crisanto Maidana, el abuelo, había caído con Berón de Astrada en Pago Largo. Cuando sus hijos buscaron su cuerpo, al otro día del desastre, sólo hallaron el tronco descabezado que piadosamente enterraron al pie de un espinillo.

Rito Maidana, uno de los hijos, malherido en Vences, había muerto desangrado sobre su fiel caballo con el que quiso emprender el retorno y que, cuando el dueño cayó sin vida, permaneció sin moverse junto al cadáver una larga noche; otro, Segundo Maidana, quedó destrozado por la metralla en las trincheras de Curupaity y Andrés, el menor, murió peleando por una mujer, a la salida de un baile.

Cuando los paraguayos se descolgaron desde Corrientes al mando del General Robles, una partida de tres soldados llegó una noche al rancho de los Maidanas donde sólo quedaba Ña Emeteria, la mujer de Segundo, quien había huido con otros correntinos a hostigar a los invasores desde los montes.

Al verla sola los soldados quisieron abusar de ella, pero Ña Emeteria, descolgando un facón que su marido le había dejado, se defendió tan bravamente que hirió de gravedad a uno y atemorizó de tal manera a los otros dos, que huyeron llevándose al herido, pero no sin antes prender fuego al rancho que ardió por los cuatro costados.

Ayudada por los vecinos, la mujer levantó una nueva habitación a unos trescientos metros del lugar "pa estar cerca'l estero ande se había escuendido su hombre".

Las paredes quemadas aún se veían al venir del pueblo como mudos testigos de su hazaña.

En el rancho sólo moraba Ña Emeteria, fuerte y dura, en sus casi cincuenta años y un casal de nietos, que su único hijo Santos, le había traído desde la Capital para que los criara "a lo Maidana", sin decirle jamás el nombre ni el destino de la madre. Meses después supo, por boca del comisario, que su Santos "había muerto a un hombre y a una mujer y había juído pa'l Chaco".

Ella, que estaba moliendo maíz, en el patio, escuchó impasible la noticia y siguió batiendo el grano indiferente. Rosa, la mujercita, creció garrida y diligente; era el brazo derecho de la casa y quien, con su trabajo, mantenía lo poco que quedaba de la hacienda.

Santito, en cambio, la tenía preocupada. Era bueno y la quería, pero gustaba más del ocio que del trabajo. Aborrecía el andar a caballo y las tareas varoniles. Rehuía las discusiones y hacía oídos sordos a las pullas.

A pesar de haber cumplido los dieciocho años, frecuentaba poco la pulpería, no alzaba facón y no le conocían novia.

-¡A ver si me ha salido maricón! - pensaba a veces, la vieja.

Pero, en seguida, reaccionaba:

-¡No, si es un Maidana en pinta!... Es medio blando nomás, pero ya lo ha de madurar el tiempo...

* * *

Una vela de sebo colocada sobre una botella estaba en medio de la pieza.

Sentada, junto a la mesa, Ña Emeteria liaba cigarro tras cigarro para matar el tiempo, mientras esperaba el regreso de los nietos, que habían ido a un baile en el pueblo. Santito, al principio, no había querido ir pero su hermana insistió con tanta pertinacia que, al fin, terminó por vencer su resistencia. La abuela, además, había sentenciado:

-Tenés que d'ir... Ya es hora que ésta tenga novio, sino se va a quedar pa vestir santos...

-Pero, ¡agüela!... - intentó protestar Rosa.

-¡Qué agüela ni agüela!... Si ya debés tener tu pior es nada m'hija...

-¡Y no! -terció el hermano- pa la fiesta'e Reyes andaba con el Zenón, prendido por su pollera como garrapata a la hacienda...

-Salí d'ahí con ese bruto... Si es más guaso que no se qué... -dijo la moza y entró a la pieza vecina.

Ña Emeteria recordaba la escena y sonreía cuando, de pronto la sorprendió la entrada violenta de la muchacha que gritó jadeante:

-¡Agüela... agüela!... Zenón salió'e la tapera y me quiso faltar...

-¿Y qué?

-Santito se le puso al frente y ahí quedaron peliando...

La vieja suspiró aliviada.

-¿Peliando?... ¡Al fin mi nieto demuestra ser Maidana! -Pero, súbitamente, recordó: -¿Peliando?... ¿Y con qué?... ¿Si Santos no lleva cuchillo?

Y ahí nomás, descolgando de la pared el facón del finado marido salió corriendo para llevárselo.

Iba cortando campo, tropezando y cayendo, la mano cerrada sobre el puñal.

Cerca de la tapera oyó risas y gemidos.

El miedo le puso su mano de hielo sobre el corazón.

-¡Que no le hayan muerto, pobrecito! - imploró.

-Pasó por la puerta de la derruida habitación y lo vio, arrodillado en el medio, implorante, mientras, a su lado, Zenón le acotaba misericorde con una varilla.

Al ver a la vieja el hombre detuvo su castigo.

La mujer se acercó al nieto y le ofreció el facón.

-Tomá m'hijo, ¡defendete!

Pero, Santito; abrazándose a sus rodillas; gimió:

-¡No, agüela, me va a matar!

Y se apretaba como un corderillo temeroso contra su falda.

-¡Je!... ¡Qué se va a defender si es un marica!... -se burló Zenón y escupió despectivo.

El insulto hirió a la vieja como una bofetada. El recuerdo de todos los Maidana muertos heroicamente cruzó por su memoria e imaginó cómo despreciarían a éste descendiente que no sabía hacer honor a su apellido.

Entonces, con el facón que tenía en la mano, el mismo con que había ahuyentado a los paraguayos que quisieron mancillarla, dio un fuerte golpe en la cabeza del nieto que cayó desvanecido.

Después, terrible como una de las Furias, dijo al hombre:

-¡Y aura, maula, defendete!

-¡Bah! No peleo con mujeres... - respondió Zenón y buscó la puerta.

Pero frente a la misma, con el puñal en la mano, estaba Ña Emeteria.

-¡Déjeme pasar, vieja loca!...

Pero un feroz planazo lo arrojó contra la pared. Furioso sacó su arma y entre las sombras, que apenas alumbraba una luna amarillenta, se desarrolló el duelo singular.

Ña Emeteria parecía haber rejuvenecido. Se movía diestra y ágil, y su acero iba marcando rojas líneas en la cara del ofensor.

Zenón se limitó a defenderse en un principio, pero, luego, al ver en peligro su vida, se tiró a matar.

La vieja intuyó el golpe y se hizo a un lado, recibiendo en la punta del cuchillo al hombre que, llevado por el impulso, se clavó en la hoja. De su boca escapó un chorro de sangre y cayó exánime junto al ofendido.

Ña Emeteria sacó el cuchillo del pecho y se arrodilló al lado del nieto. Ya llegaban a ella las voces de la gente que parecía venir en su ayuda. Su mano callosa buscó el corazón de Santito y, sin vacilar, hundió el facón hasta la empuñadura.

Luego lo arrancó de un golpe y lo tiró entre ambos cuerpos.

* * *

Cuando arribaron los vecinos conducidos por Rosa, hallaron a Ña Emeteria, de pie, junto a la puerta.

-¡Ahí están! -dijo- ... Muertos los dos...

-¡Muertos!... -gimió Rosa-. ¡Pobre Santito!

-¡Pobre, no!... -tronó la vieja- porque murió en su ley... "a lo macho, a lo Maidana"...

Los vecinos cargaron el cuerpo del nieto sobre un poncho y lo llevaron al rancho.

Al frente de ellos, dura y fría, marchaba la vieja.

 


Publicado en el Diario "La Prensa" de Buenos Aires, Traducido al ruso e incluido en la Antología "Cuentistas Argentinos" publicado por la Biblioteca "Literatura Extranjera", Moscú, año 1957.

domingo, 11 de agosto de 2013

LA EXCAVACIÓN [Augusto Roa Bastos]

 

El primer desprendimiento de tierra se produjo a unos tres metros, a sus espaldas. No le pareció al principio nada alarmante. Sería solamente una veta blanda del terreno de arriba. Las tinieblas apenas se pusieron un poco más densas en el angosto agujero por el que únicamente arrastrándose sobre el vientre un hombre podía avanzar o retroceder. No podía detenerse ahora. Siguió avanzando con el plato de hojalata que le servía de perforador. La creciente humedad que iba impregnando la tosca dura lo alentaba. La barranca ya no estaría lejos; a lo sumo, unos cuatro o cinco metros, lo que representaba unos veinticinco días más de trabajo hasta el boquete liberador sobre el río.

Alternándose en turnos seguidos de cuatro horas, seis presos hacían avanzar la excavación veinte centímetros diariamente. Hubieran podido avanzar más rápido, pero la capacidad de trabajo estaba limitada por la posibilidad de desalojar la tierra en el tacho de desperdicios sin que fuera notada. Se habían abstenido de orinar en la lata que entraba y salía dos veces al día. Lo hacían en los rincones de la celda húmeda y agrietada, con lo que si bien aumentaban el hedor siniestro de la reclusión, ganaban también unos cuantos centímetros más de "bodega" para el contrabando de la tierra excavada.

La guerra civil había concluido seis meses atrás. La perforación del túnel duraba cuatro. Entre tanto, habían fallecido, por diversas causas, no del todo apacibles, diecisiete de los ochenta y nueve presos políticos que se hallaban amontonados en esa inhóspita celda, antro, retrete, ergástula pestilente, donde en tiempos de calma no habían entrado nunca más de ocho o diez presos comunes.

De los diecisiete presos que habían tenido la estúpida ocurrencia de morirse, a nueve se habían llevado distintas enfermedades contraídas antes o después de la prisión; a cuatro, los apremios urgentes de la cámara de torturas; a dos, la rauda ventosa de la tisis galopante. Otros dos se habían suicidado abriéndose las venas, uno con la púa de la hebilla del cinto; el otro, con el plato, cuyo borde afiló en la pared, y que ahora servía de herramienta para la apertura del túnel.

viernes, 9 de agosto de 2013

LA COMPETENCIA LITERARIA: LECTURA Y ESCRITURA EN LA ESCUELA SECUNDARIA

 

Introducción

Es fundamental el desarrollo de las habilidades le lectura y escritura en el Secundario pues permite formar en los individuos las competencias comunicativas necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en las esferas sociales. La comunicación en nuestra época de cambios vertiginosos alcanza niveles de complejidad y vías insospechadas, ante lo cual los individuos deben adoptar posturas activas y críticas, que no se logran por irradiación sino mediante una interacción continua –y transformadora– con el entorno de comunicaciones.

A la vez, y en función del moldeamiento de dicha actitud crítica, vale el desarrollo de otra competencia, no menos importante, que debe ser potenciada en la etapa escolar: la competencia literaria. Esto es, la capacidad del sujeto de discernir mensajes estéticos e ideológicos según el contexto de comunicación y la época en que se llevan a cabo los intercambios. El presente artículo pretende relacionar de manera crítica esta competencia con los aportes que puede realizarse desde la didáctica y las proyecciones que puede lograr asumir el sujeto una vez que se habitúa a consumir de una manera crítica los mensajes mediáticos.

 

La competencia literaria y el ejercicio orientado de lectura

Para revisar el lugar fundamental que ocupa esta competencia recurrimos a lo expuesto e indagado por Mendoza Fillola (1995), quien afirma que en un ámbito como el actual, y analizando las diversas concepciones de lectura según las corrientes teóricas, debe pensarse en un lector participativo, desde el punto de vista del ámbito escolar. Lector participativo es aquél capaz de interactuar con el texto, desde sus conocimientos intertextuales (que Umberto Eco llama Enciclopedia), que provienen de experiencias concretas y –podemos decir– íntimas: el encuentro del lector con el texto, la concretización y actualización de sentidos y significados es tan única como lo es cada individuo, de modo que cada nueva lectura es también una nueva significación para la obra literaria.

Desde este punto de vista, la única actualización posible de un texto depende de la actividad y la habilidad lectora de un individuo concreto, signado por un marco espacio-temporal y socio-cultural. La discusión que plantea Mendoza Fillola se relaciona con esto, pues sumado a la certeza de que un texto ofrece múltiples posibilidades de interpretación, y grados de comprensión, es obligatorio replantearnos hasta qué punto es imprescindible que el alumno se imbuya de lineamientos interpretativos externos a él y a sus vivencias. ¿No es más conveniente acaso que en ese encuentro personal con la materia artística el lector pueda decidir qué dimensiones de él quiere comenzar a comprender desde su propia experiencia? La pregunta fundamental es si no resultaría más adecuado respetar los condicionantes culturales del estudiante, sus criterios subjetivos, y su formación progresiva como lector, fruto de una opción personal[1].

La postura según la cual se enfrentan dicotómicamente aspectos de la libertad creadora y condicionantes metaliterarios y culturales, se fundamenta en una serie de puntualizaciones:

  • La recepción y apropiación del texto a través de la lectura es actualizar el significado en el lector.
  • El texto cobra nueva vida cada vez que se actualiza y proyecta en contextos diversos.
  • Toda pregunta sobre un texto es una pregunta sobre su significado.
  • La intencionalidad del texto puede funcionar como conector entre las relaciones escritor-texto y lector-texto.
  • El punto de partida del proceso de interpretación del texto es siempre la explicación formal del mismo.

Pero aquí vale puntualizar que la lectura y la formación de la competencia literaria que ella supone, no son un fin en sí mismas. La proyección máxima de lo que Dubois (1987) define como lectura transaccional es la posibilidad de formar creadores. La creatividad fundada por el ejercicio reflexivo del anállisis de la actividad lectora (hablemos de una dimensión metacognitiva, por lo tanto), es sólo el germen del proceso de creación y producción de nuevos textos artísticos (o no), que supongan una densificación de significados con referencia a su época y al público con el que se interrelaciona.

Crear sujetos productores de textos, es estimular la faceta reflexiva y analítica de los receptores, no por el mero análisis cuanto por la crítica profunda a las formas de comunicación, las vías y las virtualidades (Cfr. Jolibert 1994). La problematización debe estar a la orden del día: ¿Hasta dónde podemos comunicarnos, qué diversidad de temas podemos comunicar por qué medios, cómo podemos elaborar nuevas formas de comunicación, cada vez más integradoras, cada vez más expandidas?

El sujeto contemporáneo, pero especialmente el niño y el adolescente del siglo XXI plantean retos educativos por la manera en que han crecido rodeados del bombardeo mediático y del complejo entramado comunicativo impuesto por una sociedad tendiente a lo cibernético, a lo espontáneo, a lo visual y aparente. La sociedad actual, como nunca antes, hace de la mentira y del aspecto del mensaje un punto de partida (“El medio es el mensaje”, diría M. McLuhan). Si la escuela no puntualiza en la formación crítica de sujetos capaces de leer lo intrínseco e ideológico de los mensajes y sus codificaciones, no estará cumpliendo sus fines educativos para la sociedad actual.

Dejando de lado los imposibles con que se obtura toda pretensión, imposibles que nacen de la obligación dada a la escuela de contener a los adolescentes que no cuentan con una familia o un grupo que los oriente, existen aún funciones privativamente educativas que la escuela debe asumir para insertarse en el ámbito de las comunicaciones y la formación de los saberes en un mundo mediatizado en exceso.

Esto hace que desde el vamos las propuestas de creación de textos en el marco de la acción escolar, desde la realidad del aula y hacia la realidad cotidiana de las comunicaciones incesantes, adquieran absoluta relevancia en tanto se dedican a formar sujetos productores de textos en contextos reales de comunicación, y en situaciones necesarias de intercambio (Cfr. Jolibert 1994; Björk et. al. 2000). Si las personas asumen la comunicación como un deber, la producción de mensajes se potencia por la responsabilidad que recae en el sujeto autor de los mismos.

 

La lectura crítica en el aula, punto de partida

Otra de las consideraciones señaladas por Mendoza Fillola se refiere ya a la situación de enseñanza. ¿Qué textos literarios emplear para el abordaje de las habilidades y competencias lectoras en el secundario, y aún más para potenciar el enriquecimiento paulatino de las competencias literarias del alumno? El autor apunta a la consideración de diferentes criterios de selección de obras, que resulta interesante tener en cuenta, puesto que descartan desde el vamos la posibilidad de trabajar con textos cuya complejidad no desafía los conocimientos del lector, y cuyo lenguaje no plantee nuevos retos.

La clave de la eficacia didáctica de la lectura de textos literarios radica tanto en la diversificación de propuestas, de registros, de situaciones y de soluciones lingüísticas, como en las convenciones del lenguaje escrito que dichos textos ofrecen a los alumnos para su conocimiento y asimilación junto a la formación cultural diversificada. Cada texto le ofrece posibilidades de un sucesivo y constante enriquecimiento lingüístico, literario, cultural que le es presentado a través de los distintos y potenciales modelos de uso del sistema de la lengua. El profesor analizaría desde la perspectiva didáctica las aportaciones de las diversas teorías sobre la comprensión lectora y la crítica literaria para la explotación de los textos, y observaría en paralelo los distintos códigos semióticos y sus particulares adaptaciones al medio artístico y a la expresión comunicativa. En ese sentido, podríamos preguntarnos desde el lugar del docente de Lengua y Literatura, qué concepciones de lectura abordan la formación o adquisición de estrategias[2] de abordaje de textos literarios, cómo enfrentan la producción moderna de textos revolucionarios y rupturistas, qué lineamientos críticos proponen qué abordajes y de qué modo podemos transferirlos de una manera didáctica a su aplicación en el entorno pedagógico; qué códigos artísticos se interrelacionan, de qué modo los lenguajes recodifican una obra literaria a través de la gráfica humorística, la historieta, la novela ilustrada, las obras pictóricas y las producciones cinematográficas.

Entre los criterios para discernir los aspectos teóricos más plausibles de ser adaptados a la pragmática de la lectura, Fillola menciona, según la metodología a emplear en la enseñanza de la lectura:

a) Que fomente la activa participación del alumno en la construcción de conocimientos funcionales mediante el desarrollo de la competencia literaria adecuada al nivel lingüístico correspondiente.

b) Que presente la lectura literaria con planteamientos que la destaquen como medio de aproximación a los textos, en cuanto a productos de semiótica cultural sincréticos y, a la vez, como un proceso para atribuir una valoración personal a los mismos.

c) Que resalte la importancia de los conocimientos culturales y enciclopédicos, para la construcción coherente de su lectura personal.

d) Que permitan poner en relación las referencias culturales de los alumnos con otros conocimientos que presuponen la lectura de un texto concreto.

e) Que las actividades diseñadas muestren las conexiones y contrastes culturales presentes en un texto para formar un criterio intercultural.

Líneas aparte, una vez definidos los textos y las pautas de sus propuestas de trabajo en el aula, deben tenerse en cuenta los fines que contemplarán las actividades a realizar. Considerando el carácter globalizador de dominios lingüísticos que posee la lectura, los objetivos para la adquisición/aprendizaje de estrategias de lecturas, como prioridad deben:

a) Desarrollar estrategias que permitan inferir aplicaciones comunicativas pertinentes a partir de la lectura de textos de creación. Entendemos por texto de creación todo texto artístico que tiende a la problematización de un género, de un estilo, de un sistema dado, y en ese sentido debemos perseguir como docentes el diseño de situaciones de comunicación en las que el desarrollo de las competencias de lectura puedan ofrecer una proyección del sujeto (por ejemplo, analizar la posibilidad de relacionar críticamente con los otros lenguajes artísticos, volcar en esos códigos alguna interpretación de la obra, pensar el texto críticamente y comentarlo, preparar al alumno para la comunicación de comentarios críticos mediante el periodismo. El trabajo en el aula debe facilitar en el alumno la capacidad de observar probabilidades de proyección de sus competencias en diferentes ámbitos.).

b) Propiciar el desarrollo de la habilidad para analizar y comparar realizaciones lingüísticas descritas y enmarcadas en un contexto narrativo, según la relación norma/uso, para que el alumno extraiga aplicaciones para su práctica comunicativa. Hablamos de la transferencia de habilidades relacionadas con la competencia literaria, hacia otras situaciones comunicativas extra-literarias y acaso también extra-artísticas.

c) Asegurarse de que esas estrategias no solo mejoren la comprensión textual, sino que también reviertan en las correspondientes destrezas (producción y comprensión oral/escrita). Siempre y cuando la adquisición de estrategias supongan, como sugerimos ya, que las habilidades de recepción repercutan en las de producción de discursos.

d) Velar porque destaquen el hábito y el dominio lector, como recurso de perfeccionamiento y autocontrol de sus destrezas y habilidades lingüísticas. La formación de alumno no es sino el paso inicial para una etapa de crecimiento autónomo y autocrítico en pos del perfeccionamiento propio del individuo.

e) Propiciar que permitan establecer conexiones entre diferentes manifestaciones artístico-culturales. Puesto que no hay un funcionamiento unívoco de los elementos culturales y sociales, sino que toda comunicación pertenece a un ecosistema sígnico y los mensajes interactúan con un todo configurado por el momento histórico y la conformación social de la cual es integrante el sujeto. El docente debe orientar a los alumnos a leer los mensajes más allá de la mera figuración retórica y de los abordajes escolares, reconstruyendo momentos de producción y de recepción reales, revisando críticamente sus posicionamientos frente a la sociedad productora de signos, y a los complejos entramados que gobiernan esos intercambios (por ejemplo, los órdenes políticos, los programas de marketing y promoción económica, las modas de consumo, etc.).

En definitiva, se apunta al desarrollo de un espíritu de originalidad, que parta de la adquisición de habilidades comunicativas y literarias específicas y dinámicas. La sociedad demanda sujetos creadores que sean capaces de anticipar sus mensajes, pero también debe demandar sujetos capaces de manipular los mensajes y los bombardeos mediáticos, antes que ser manipulados por ellos. Un hábito de interacción con mensajes que circulan simultáneamente en el mundo de las comunicaciones por el internet, y a velocidades insospechadas, requiere necesariamente la formación de una mirada crítica problematizadora y la escuela se halla en el ojo de la tormenta en ese sentido. Aún más, la Lengua, como disciplina transversal, está llamada a entrenar ese ojo analítico en los alumnos.

 

Apuntes para la formación de sujetos formoseños críticos

Esta es, como problemática, la pregunta que plantea mayores desafíos: ¿Cómo formar alumnos críticos, con el perfil que venimos exponiendo, en las escuelas formoseñas? ¿Desde qué perspectiva podemos abordar la formación de una actitud lectora interactiva (transaccional, en términos de Dubois), frente a la cual los medios ya no gobiernen las decisiones, sino que, a la inversa, las decisiones partan de la relativización de los mensajes emitidos por los medios?

La sociedad modelizada por las redes virtuales como el Facebook ha derivado en la formación de sujetos que plantean inquietudes activas: situaciones como el chisme, la transmisión deliberada de mensajes no verificados (consejos para la buena salud, medicina casera, campañas de protesta o boicot, movilizados anónimamente y sin aval alguno de personas o instituciones autorizadas), las alusiones a experiencias compartidas mediante el MEME[3], y la comunicación de gustos, preocupaciones, y vivencias en tiempo real, demandan una lectura interactiva e hipertextual de dimensiones impensables. Más mensajes se infiltran diariamente en la mente del sujeto durante una hora al día en internet, que durante largas horas de lectura frente a ciertos textos literarios.

Ése es el punto de partida que podríamos tener en cuenta para pensar propuestas atractivas en los adolescentes, que están esperando de la actividad educativa algún rasgo de originalidad. Quedan en el olvido, quizá, aquellas pretensiones de los teorizadores por la formación de mentalidades creativas. Al contrario, hoy las mentalidades creativas de los adolescentes sobre-estimulados exigen una cuota de creatividad por parte de los adultos docentes que se supone están al frente de un aula para orientarlos. El docente, en semejante situación, podemos creer que debería estar preparado para asistir a ese nivel de exigencia, de demanda. Hoy el adolescente apela al educador para movilizarlo, lo supera, confronta con él, lo tienta con burlas, lo relativiza.

No se trata tanto de una falta de respeto como de una búsqueda de autoridad que lo oriente. El alumno busca un rumbo y exige al educador que señale ese rumbo, so pena de deslegitimar su autoridad si éste no satisface tal demanda.

El alumno formoseño es un adolescente más, en formación, en el siglo XXI, y como tal comparte las mismas complejidades que comparten otros adolescentes. Como docentes, debemos anticipar y buscar descifrar esas complejidades e inquietudes, que siempre enlazan con una cuestión afectiva: son sujetos que hacen, consumen y proponen aquellos que les resulta agradable, y que se resisten a lo que se les impone fuera de sus gustos.

La educación es una imposición, la mayor parte de las veces. Como tal, es una exhortación ante la que tal vez el alumno se sienta increpado o desafiado. Su respuesta, entonces, será la del cuestionamiento constante, no la del acatamiento. El alumno sólo responde en la medida en que una actividad, una propuesta, le resulta lógica, necesaria, pero sobre todo nada hostil.

En muchas ocasiones el esquematismo de la disciplina hace que el alumno rehúya a la actividad. La tarea del docente puede, en muchos casos, verse impelida a significar una tarea de seducción por el contenido de una actividad, y más que nada por la propuesta general de trabajo.

Todavía en ese marco, un modelo de taller como el propuesto por J. Jolibert exhibe grandes virtualidades. Basta con pensar, desde la complejidad, qué mensajes para qué entornos y por medio de qué herramientas podrían ser capaces de producir significativamente los adolescentes. Qué motivaciones necesitan; qué marcos los vehiculizarían; qué formatos de creación exigen, y todavía más, qué capacidad de síntesis. Tomemos un ejemplo: el género de memes llamado “desmotivaciones” plantea una relación directa intertextual entre una tradición (la de la presentación de imágenes consistentes en una ilustración y epígrafes en un fondo negro enmarcado con colores) y un gusto o una opinión general abiertamente compartida (sea política, amorosa, afectiva, ideológica, se relacione con el deporte, con la música, con la televisión, con el cine, con los íconos religiosos); pero a la vez propone un enlace paratextual donde la selección, la generalización y lo simbólico interactúan solidariamente: una fotografía o ilustración debe sintetizar una emoción, un acontecimiento, un gesto, y el epígrafe debe resumir en dos líneas un mensaje superficial y un mensaje profundo a la vez, motivando la adhesión o el rechazo inmediatos, pero siempre la discusión en torno al tema referido, que se desarrolla en los comentarios respecto de la imagen señalada. Las redes sociales otorgan un espacio a todos y a todo.

Esos son los entornos de acción que podemos pensar para los alumnos: la producción de mensajes icónicos sintetizadores, pero a la vez la defensa o el ataque –no en el sentido literal cuanto figurado: nos referimos a un debate mediante palabras, argumentos, lugares comunes, y siempre desde la expresión de una creatividad– de esos mensajes o de los modelos de pensamiento que en ellos se codifican.

Probablemente el docente de Lengua en la actualidad debería incentivar en los alumnos el desarrollo de textualidades que no tendrán una inserción directa en las esferas de comunicación en las que la sociedad de derecho se mueve. Esto es: las redes virtuales gozan de cierta libertad e impunidad que no pueden ser alteradas directamente, y los mensajes que en ellas circulan bordean el anonimato, la misma impunidad, la pululación de antivalores, son inverificables, muchas veces falaces, muchas veces gozan de una credibilidad incuestionable por el mero uso de la retórica, y no acusan una lógica concreta (abundan en incoherencias, muchas veces deliberadas, muchas veces arbitrarias). La tarea del docente puede tener como finalidad orientar a los alumnos en el desciframiento de esos universos volátiles de significados, pues es en ese ámbito en el que los adolescentes ven como significativa su participación, y es en él donde se vuelca toda su expresividad, verbal o no verbal, demandando infinitas interpretaciones.

La escritura se orienta en ese sentido a la formación cívica del sujeto:

Puesto que la mayoría de los estudiantes no escribirán demasiado en el futuro pensamos que el desarrollo del pensamiento crítico es el objetivo primordial de la enseñanza de la escritura. Desde una perspectiva sociocultural, esto significa que consideramos el enseñar a escribir como un elemento importante del objetivo de nuestro sistema educativo, que busca ayudar a los estudiantes a adquirir un lenguaje funcional y habilidades en el uso del pensamiento crítico, requisitos básicos para participar activamente en una sociedad democrática. (Björk et al. 2000, 31)

La literatura y su densidad semiótica será siempre el punto de partida, pero la lectura de los textos artísticos constantemente deberá tener proyecciones hacia lo audiovisual e hipertextual (tanto en su sentido narratológico-discursivo, desde las postulaciones de G. Genette, como en su sentido informático, desde la óptica de los protocolos de transferencia de hipertexto que gobiernan las comunicaciones de internet). Desde allí sería más propicio trabajar lo concerniente a procesos de lectura, como ya se hace con frecuencia, partiendo de informaciones paratextuales y conocimiento de mundo de los sujetos, siempre recurriendo a soportes visuales o audiovisuales que apelen a la atención de los alumnos, que los atraigan, que los seduzcan. La construcción de nuevos significados que resultaría de esa actividad lectora conformaría y enriquecería progresivamente la enciclopedia de cada lector. El significado del encuentro entre lector y texto, o bien –en un sentido más general–, entre lector y signo, es el descubrimiento que hace el sujeto activo acerca de la lógica según la cual operan los significantes del texto. El adolescente, luego de cuestionar y reflexionar acerca del texto, podría ser capaz de preguntarse qué hace determinado signo, determinada expresión, determinado juicio en ese lugar, en esa situación del discurso, e indagar acerca de las motivaciones biográficas, afectivas o ideológicas del autor, y también indagar acerca de otras interpretaciones, pero partiendo siempre del primer contacto personal con el texto (que es un detalle priorizado por la propuesta de Fillola).

Una vez aprendida la habilidad de poder activar la posible lógica comprensiva que cada texto requiere, el lector tendrá la satisfacción de comprobar que sus suposiciones, predicciones o expectativas se ajustan a lo previsto en el texto, y además reforzará sus conocimientos metatextuales, sociolingüísticos y pragmáticos. Al sentido crítico se añadirá una mirada sobre qué cosmovisiones modeliza el texto y qué marcas lingüísticas indican el perfil de la sociedad a la que pertenece el autor o el narrador representado en la obra; el lector buscará discernir en el mensaje las motivaciones que vehiculiza, sus intenciones, y el efecto que espera provocar en tal o cual perfil de lector. Esto en conjunto demuestra que la formulación de hipótesis de lectura es una fase necesaria para la comprensión, tanto si se trata de una lectura informativa como si se hace una lectura recreativa. La validez de toda hipótesis se pone a prueba con el avance de la lectura, pero también en la poslectura, al momento de concluir la obra, al momento de releerla, al momento de buscar en otras obras indicios del idiolecto del autor, y al momento de encontrar el lector, a lo largo de su historia personal, nuevas lecturas e interpretaciones sobre la misma obra, que enriquezcan la mirada personal.

También en la escritura se ejercen estos procesos, aunque desde otra perspectiva. Björk cita el modelo de Flower y Hayes donde se realizan reescrituras constantes (a nivel cognoscitivo y a nivel material) y el monitoreo del trabajo señala la necesidad de progreso o de reformulación de los elementos en juego, sean retóricos, temáticos, pragmáticos, su evaluación y corrección, su reordenamiento, la definición de su público e intencionalidad, y el recurso constante a los saberes previos inmediatos y propios de la memoria permanente. La escritura y sus complejidades son una forma necesaria de repercusión de las complejidades de la lectura; la misma lectura que muchos artistas han considerado como la otra forma de escribir porque, como antes se dijo, es una forma diferente de significar para cada texto.

Fillola sigue los planteamientos de Iser y la Estética de la Recepción para suponer qué funciones desempeña el lector en su proceso de lectura:

1. Disposición/actitud/situación: El lector ordena su lectura hacia una repragmatización del texto, identificando sus claves, estímulos, orientaciones, para reconstruir la situación enunciativa.

2. Descodificación: a partir de las diferentes unidades, a partir de cuya combinación formula sus hipótesis.

3. Reconocimiento de estructuras sobrepuestas; activación del repertorio y estrategias de lectura: ha de reactualizar sus conocimientos siguiendo las instrucciones internas que posee el texto, y sus condiciones de recepción, para lograr una eficaz decodificación lingüística e interpretación semiótica.

4. Metacognición de la actividad lectora: durante el proceso el lector organiza e identifica diferentes fases de su lectura para inferir estrategias que el texto suscite: precomprensión; elaboración de inferencias; explicitación o conexión de aspectos parciales; rectificación/ajustes; comprensión/interpretación. La actividad metacognitiva es permanente y se extiende a lo largo de los años.

Todo esto significa que el lector apunta a reconstruir la situación enunciativa que corresponde al texto, atendiendo al co-texto en que se inserta (en una dimensión architextual: qué textos del mismo género conoce, y aún más si se trata de una saga fantástica o épica), sea perteneciente al lenguaje artístico o no. Como sugiere Rifatterre (citado por Fillola), esta elección de actitud y disposición implica que el lector sienta al texto no como una simple secuencia verbal, sino como una creación con intencionalidad específica y, de una manera más figurada, como un mundo posible con sentido pleno y en interacción con el mundo real.

Toda lectura supone una consecuencia, que debe ser potenciada como una estrategia: la formación de un juicio personal que se posicione al menos desde dos perspectivas, la mirada empática, y la mirada lógica-crítica. Ambas miradas deben interactuar en el momento de la valoración de una obra por parte del sujeto, y lo adecuado sería que sea capaz de discernir entre ambas para poder tomar distancia al momento de emitir juicios imparciales o parciales. Incluso, en un sentido más pragmático, debería ser capaz de discernir sobre el valor de la obra para poder comunicar sus gustos, transmitir una admiración y –lo que es fundamental para los jóvenes– poder defender aquello con lo que se identifican, o valorar las razones que los distancian de una determinada obra creativa.

Un estudiante que desarrolla hábitos de lectura, se prepara para desarrollar hábitos de escritura o al menos de comunicación activa mediante la oralidad, preparándolo como un sujeto social predispuesto a la adquisición de nuevos saberes y a la creación de conocimientos novedosos para ser compartidos con la colectividad a la que pertenece. En ese orden, la escritura estimula a la acción, y la predisposición a ser orientado motiva en el sujeto un espíritu de orientador, capaz de realizar críticas y aprender de manera conjunta y en cooperación con sus pares (Björk et al. 2000, 46).

 

Conclusiones

El dominio de las estrategias y la consolidación y enriquecimiento constante en el plano de las competencias comunicativas confiere autonomía al alumno y repercute en el global conocimiento, uso y empleo de la lengua meta. En ese orden, todo usuario de la lengua es consciente de cuáles son sus limitaciones sobre el dominio de la misma, pero conviene facilitarle pautas para que sepa y pueda establecer una clasificación y tipología de la especificidad lingüística que los textos le presentan para establecer la definitiva comprensión/interpretación de una lectura y proyectarlos en una escritura consistente y dotada de sentido.

La evaluación de los procesos de formación de las competencias supone debates extensos en torno a qué criterios permitirían diseñar qué herramientas de evaluación. La misma parcialidad que acompaña al crecimiento de cada alumno debe tener como consecuencia una parcialidad en la consideración del desarrollo individual de cada uno, en pos de una valoración equitativa. De hecho, Fillola habla de cómo la polisemia y la imprevisibilidad de las producciones del lenguaje constituyen limitaciones debido a las cuales no puede sugerirse la posibilidad de autoevaluación al alumno, sin antes poseer éste unas mínimas estrategias lectoras que funcionalmente aplique de manera habitual.

En definitiva, un sujeto crítico capacitado y competente para los intercambios comunicativos reales o virtuales es un individuo autónomo y solidario listo para discernir sus carencias y limitaciones, admitirlas y buscar con total iniciativa la superación de sus límites. En esa situación, y frente a una esfera social a veces agresiva y en mayor medida hostil a los intereses las integridades de los adolescentes, la guía y compañía constante y comprensiva del docente, preocupado en su formación como sujeto, puede ser decisiva para definir en él un espíritu abierto a los cambios y transformaciones en pos de un mejora común.

 

RODRIGO NICOLÁS VILLALBA ROJAS

mayo 2013


Notas

[1] Veremos que con respecto a la propiciación del desarrollo personal del sujeto, es gratamente comprometido el plan de trabajo por módulos propuesto por Josette Jolibert (1994), y del mismo modo presenta enormes posibilidades el trabajo con grupos reducidos propuesto por Björk-Bloomstrand (2000), ambos focalizados en la producción de textos escritos a partir del reconocimiento de clases textuales y su funcionamiento en la sociedad.

[2] Filloa diferencia entre aquellas estrategias que, de manera orientativa, aparecen apuntadas por el texto, es decir, estrategias previstas o sugeridas por el autor, y estrategias personales que emplea el lector.

Las primeras, son orientaciones operativas que presentan al lector una serie de posibilidades combinatorias sobre las que supuestamente debería apoyar su acto de lectura. Fillola ejemplifica con algunas postulaciones sobre formas de indeterminación según Otten y Koeppler, pero que en definitiva se trata de quiebres en la coherencia textual para brindar al lector la posibilidad de establecer esa coherencia.

En cuanto a las segundas estrategias son, el lector actúa sobre los condicionantes del texto de diversas formas:

1. Se distancia de la mera secuenciación verbal para tantear otras perspectivas desde las cuales comprender provisionalmente el texto.

2. Percibe el estilo como un énfasis que se añade a la información transmitida, y realiza procesos de traducción, reducción, generalización, etc.

3. Busca correlaciones lógicas que le permitan articular los diferentes componentes textuales.

4. Percibe la actitud y las estrategias del autor, lo que le permite ir formulando anticipaciones de lectura.

5. Establece normas de coherencia que le permitan hallar una significación del texto.

6. Agudiza su participación buscando nuevas relaciones en el contexto, y descartando las expectativas inadecuadas.

7. El lector puede adivinar la intencionalidad de un estímulo textual.

8. El lector se distancia o se aproxima a los condicionantes de estructura textual, ideología, que incluye el texto, en función del grado de asimilación que comparte con él.

9. En el lector prevalece el efecto que el texto le ha producido, por encima de la mera función referencial.

[3] Reciben el nombre de MEME aquellos mensajes virales que se transmiten vía redes sociales de manera fidedigna o imitando formas originales (recuadros, íconos de la moda o del humor, situaciones típicas de la vida cotidiana). En un artículo del diario EL País, el periodista Tom C. Avendaño reflexiona al respecto: “Meme es una idea, un concepto, una conducta que se transmite de una persona a otra y, como un gen en un árbol genealógico, se duplica con un nuevo significado en cada encarnación.

El término se lo inventó el biólogo Richard Dawkins en 1976, en su libro El gen egoísta, para definir esas frases, conductas o melodías populares que existían en cada cultura que se propagan a través de la imitación. No hay ninguna versión de referencia. Su repetición es lo que le da sentido. Argumentaba Dawkins que, de nuevo como los genes, sólo las ideas más fuertes superaban el paso del tiempo y el ir y venir de las modas. Así, el Cumpleaños feliz sigue vigente desde al menos el siglo XIX y Steve Urkel no. Pero nosotros no vamos a usar meme en el sentido antropológico. La siempre aceleradora cultura cibernética nos tiene comunicándonos más y por tanto, los memes se generan y se mueren más rápido. También son mucho más nativamente cibernéticos […] Sirven para expresarnos, a veces con tanta precisión como el lenguaje, en formato audiovisual […] Son desechables y esotéricos, sí. Unificadores, también. No hay nada más fugazmente relevante que leer una idea nueva escrita sobre una estructura ya conocida. También son condenadamente complejos. Para cuando llega un meme a nuestros ojos ya ha dado tantas vueltas que es difícil entenderlo. Pero para eso hablamos de ellos ahora”. Artículo “Qué es un meme?” Disponible en http://tentaciones.elpais.com/2011/10/qué-es-un-meme.html [visitado el 15/05/2013]

 

Bibliografía

Bjork – Blomstrand (2000) LA ESCRITURA EN LA ENSEÑANZA SECUNDARIA

Camps, A. SECUENCIAS DIDÁCTICAS PARA APRENDER A ESCRIBIR.

Dubois, M.E. (1987) EL PROCESO DE LECTURA.

González - Ize de Marenco, ESCUCHA, HABLAR, LEER Y ESCRIBIR EN LA EGB.

Jolibert, Josette, (1994) FORMAR NIÑOS PRODUCTORES DE TEXTOS

Mendoza Fillola, (1995) DE LA LECTURA A LA INTERPRETACIÓN.

lunes, 5 de agosto de 2013

METEGOL, Juan José Campanela / MEMORIAS DE UN WING DERECHO, Roberto Fontanarrosa



Película basada en el cuento 
Memorias de un wing derecho
de Roberto Fontanarrosa

Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me enseño nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya. 
Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él... ¿para qué m... juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la brasileña y otras estupideces. 
¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me saca de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha... Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. 
Para eso es arquero. Después una línea de tres. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo... ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo... Maradona... ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. debe llevar más de 12.000 goles. por debajo de las patas... Y...¡el tipo está ahí! 
donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡Pum! adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es maño tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco. 
Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como 12.000 goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace 25 años, 25 años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos escegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltando todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está ésta cancha! ¡Qué lástima! Qué poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. 
Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el metegol. 
Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero... ¡qué!... apenas los muchachos vieron el metegol al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro. 
¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí nomás lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre 20 y 25 años personal viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba. 
¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que se movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia , nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarra la manija porque está aburrido y para matar el tiempo se juega un metegol. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese! ¡Qué animal el wing!”. Hay que aguantar cada cosa. 
¡Por favor! Pero ese día no. Ese día tuve suerte, lo que es importante en un debut. Y más en un River-Boca. Usted sabe bien cómo son estos partidos. Un clásico es un clásico, digan lo que digan ahora yo ya tengo como 30.000 clásicos jugados y así y todo, le digo, todavía cuando escucho el pique de la primera pelota en la mitad de la cancha me pongo nervioso. Parece mentira. Es que son partidos muy parejos. Somos equipos que nos conocemos mucho. Pero aquél día tuvimos suerte, por lo menos los de adelante. De la mitad de la cancha para adelante la rompimos, la hacíamos de trapo. “Tachola”, me acuerdo que se llamaba el que tenía la manija. Me acuerdo porque le gritaban permanentemente y además porque durante cuatro años vuelta a vuelta venía al club y jugaba. ¡Cómo sabía ese tipo! Lo arruinó la bebida. Cuando llegaba en pedo yo me daba cuenta porque nos hacía hacer molinetes y cada cagada que ni le cuento. Un día me hizo hacer un molinete y yo cacé un chute que la pelota saltó del metegol e hizo sonar un vaso. Me quería hacer pagar a mí el desgraciado. Pero cuando estaba sobrio era un león. Y ese día la gasté. En la defensa no andábamos tan bien porque el que manajaba a los tres era un salame. Un paspado. Pero con los de adelante bastaba. 
No hay mejor defensa que un buen ataque, mi amigo, eso lo sabe cualquiera. ¡Por favor! Ahora se meten todos abajo. Están locos. tres pepas hice ese día. Y las otras tres se las serví al nueve, al morochón. Y no tenía bigotes. Lo que pasa es que algún mocoso se los pintó con birome para que se pareciera a Luque. Un gol, me acuerdo, un gol, la bola rebotó en el corner y se me vino. Ibamos perdiendo uno a cero, porque ¡ojo! habíamos arrancado perdiendo, y la hinchada bramaba. La puse debajo de la suela y casi la astillo. La empecé a pisar y me la traje despacito para el medio. El nueve se fue para la izquierda y el once también, para abrirme un buco. Yo la masé y un par de veces amagué el puntazo, pero el fullback me tapaba el tiro y no veía ángulo para el taponazo. Le cuento que yo no le hago asco a patear y cuando veo luz le sacudo. A mí no me vengan con boludeces. Pero el rubio que me marcaba me tapaba bien. Entonces yo agarro y la engancho de nuevo para afuera, para mi lado, como para meterle un derechazo cruzado, al segundo palo, a la ratonera. ¡Si habré hecho goles así! Y cuando el rubio me sigue para taparme y el arquero cubre el primer palo, de revés nomás, cortita, la toco para el medio. Y el nueve, sin pararla ché, le puso semejante quema que abolló la chapa del fondo del arco. ¡Qué golazo! ¡Lo que fue eso! Yo lo había escuchado al negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha y ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro, lo había escuchado. 
Cuando yo me abrí para la derecha ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro que me grita: “¡Ah!”. Y se la toqué. Lo mató al Negro. Lo mató. La hacemos siempre a ésa. Diga que ya nos conocen. ¡Qué partido fue ése! Y para esta noche tenemos uno lindo. Si es que vienen los muchachos. Porque los escuché decir que iban a las maquinitas. Siempre hablan de las maquinitas. Vaya a saber qué es eso. Acá una vez al club trajeron una. Yo siempre escuchaba unos ruidos raros, unas cosas como “pluic” “plinc” , “clun” y unas sacudidas. Unas luces. Pero después no lo sentí más. Dicen que se le jodió algo adentro a la máquina, algún fusible y nunca hay guita para comprarlo. Son máquinas delicadas. De ésas que hacen los yanquis. Por eso los muchachos siempre vuelven. Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad. ¡Por favor!

domingo, 4 de agosto de 2013

¡Abajo, Satán! [Clive Barker]

 

Las circunstancias habían hecho a Gregorius un hombre incalculablemente rico. Poseía flotillas de buques, palacios, sementales purasangre, ciudades. En realidad eran tantas sus posesiones que a los encargados de enumerarlas —cuan­do los acontecimientos de esta historia llegaron a su monstruosa conclusión— les parecía a veces más rápido hacer una lista de las cosas que Gregorius no poseía.

Era rico pero distaba mucho de ser feliz. Lo habían criado en la religión católica y en sus primeros años —antes de su vertiginoso ascenso la fortuna— había encontrado goce en la fe. Pero la había abandonado luego, y a la edad de cincuenta y cinco años, con el mundo a sus pies despertó una noche para descubrir que carecía de Dios.

Fue un amargo golpe pero de inmediato tomó las medidas necesarias para subsanar la pérdida. Viajó a Roma, habló con el Sumo Pontífice; rezó día y noche; fundó seminarios y colonias de leprosos. Pero Dios se negaba a mostrarle siquiera la uña del dedo gordo del pie. Al parecer, Gregorius estaba dejado de la mano de Dios.

Desesperado, se le metió en la cabeza que la única manera de conseguir su propósito de volver a los brazos del Hacedor sería arriesgar el alma del modo más disparatado. La idea tenía sus méritos. «Supongamos que logra a concertar un encuentro con Satán, el enemigo mayor —pensó Gregorius—; ¿acaso Dios, al verme in extremis, no se sentiría obligado a intervenir para hacerme volver al redil?»

Se trataba de un buen plan, pero ¿cómo llevarlo a cabo? El Diablo no acudía con una simple llamada, aunque proviniera de un magnate como Gregorius, y sus búsquedas no tardaron en demostrarle que los métodos tradicionales de invocar al Señor de las Tinieblas —mancillar el Sagrado Sacramento, el sacrificio de criaturas— no fueron más efectivos que las buenas obras para provocar a Jehová. Sólo al cabo de un año de deliberaciones logró dar con un plan maestro. Mandaría construir un Infierno la Tierra, un infierno moderno tan monstruoso que el Tentador se sentiría tentado e iría allí a establecer su, reino como lo hace el cuco en los nidos robados.

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Buscó por todo el mundo un arquitecto, y en las afueras de Florencia, languideciendo en un manicomio, encontró a un hombre llamado Leopardo, cuyos planos para los palacios de Mussolini poseían una grandeza demencial que se adaptaba perfectamente al proyecto de Gregorius. Leopardo fue sacado de su celda —era un hombre fétido, una piltrafa— y le devolvieron sus sueños. Su prodigioso genio no le había abandonado.

Para alimentar su inventiva, recorrieron las grandes bibliotecas del mundo en busca de las descripciones de los Infiernos, tanto seglares como metafísicas; las bóvedas de los museos fueron saqueadas en busca de las imágenes prohibidas del martirio. No se dejó piedra por levantar si se sospechaba que debajo se ocultaba algo perverso.

Los planos acabados debían algo a Sade ya Dante, y algo más a Freud y a Kraft-Ebbing, pero también contenían elementos que ninguna mente había concebido jamás, o al menos, nadie se había atrevido a consignar­los sobre el papel.

Se escogió un terreno en el norte de África y comenzó la construcción del Nuevo Infierno de Gregorius. Absolutamente todo lo relacionado con aquel proyecto batió los records. Sus cimientos eran mucho más vastos, sus paredes más gruesas, las cañerías más elaboradas que la de ningún otro edificio construido hasta la fecha. Gregorius contemplaba su lenta evolución con un entusiasmo que no había saboreado desde sus pri­meros años de constructor de imperios. Resulta innecesario decir que en todas partes se lo tomó por loco. Los amigos que había tenido durante años se negaron a relacionarse con él; varias de sus empresas quebraron cuando los inversores se espantaron al leer los informes de su demencia. No le importó. Su plan no podía fallar. El Diablo tenía que acudir, aun­que sólo fuera por la curiosidad de ver el Leviatán erigido en su nombre, y cuando apareciera, Gregorius lo estaría esperando.

Las obras tardaron cuatro años y se llevaron la mejor parte de la fortuna de Gregorius. El edificio terminado tenía el tamaño de media docena de catedrales, y albergaba todas las instalaciones que el Ángel de las Tinieblas pudiera desear. Tras sus muros había fuegos, de modo que desplazarse por sus muchos corredores constituía una agonía insoportable. Las habitaciones que daban a esos corredores contaban con todos los dis­positivos imaginables de tortura —agujas, parrillas, cepos— que el genio de los torturadores de Satán hubiera utilizado. Había hornos grandes como para quemar familias enteras; piscinas hondas como para ahogar generaciones. El Nuevo Infierno era una atrocidad a la espera de suceder, una celebración de la inhumanidad a la que sólo le faltaba su causa primera.

Los constructores se marcharon agradecidos. Entre ellos se rumorea­ba que hacía tiempo que Satán vigilaba la construcción de su domo del placer. Algunos llegaron a sostener que lo habían visto en los niveles más profundos, donde el frío era tan intenso, que helaba la orina en la vejiga. Existían pruebas que respaldaban esa creencia en las presencias sobrenaturales cernidas sobre el edificio a medida que éste alcanzaba su término. Un ejemplo era la cruel muerte de Leopardo; se había arrojado —o, como sostenían los supersticiosos, había sido lanzado— por la ventana del sexto piso del hotel donde se hospedaba. Fue sepultado con la debida extravagancia.

De modo que solo, en el Infierno, Gregorius se dedicó a esperar.

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No tuvo que esperar mucho. No había pasado allí más que un día, cuando oyó ruidos provenientes de las profundidades inferiores. Rebo­sante de expectación, fue en busca de su fuente, pero sólo se encontró con la turbulencia de los baños de excrementos y el rugido de los hornos. Regresó a sus aposentos del noveno nivel y esperó. Volvió a oír ruidos; volvió a ir en busca de su fuente, y nuevamente regresó desalentado.

Pero los disturbios no cesaron. En los días siguientes, apenas pasaban diez minutos sin que oyera algún ruido de invasión. El Príncipe de las Tinieblas estaba allí, a Gregorius no le cabía duda, pero se mantenía en las sombras. Gregorius se conformó con seguirle el juego. Al fin y al cabo, era la fiesta del Demonio. Y a él le tocaba participar en el juego que escogiese.

En los largos y a veces solitarios meses que siguieron, Gregorius se aburrió de jugar a las escondidas y comenzó a exigirle a Satán que se mostrara. El eco de su voz se perdía por los desiertos pasillos sin obtener respuesta, hasta que la garganta se le irritó de tanto gritar. A partir de entonces, continuó con su búsqueda en forma silenciosa, con la esperanza de sorprender a su inquilino. Pero el Ángel Apóstata siempre huía antes de que Gregorius lograra acercarse lo bastante como para verle.

Jugarían un juego de desgaste, Satán y él, persiguiéndose a través hielos, fuegos, hielos otra vez. Gregorius se decía que debía tener paciencia. El Diablo había acudido, ¿o no? ¿Acaso en el picaporte no había dejado la señal de su dedo? ¿Y sus excrementos en las escaleras? Tarde o temprano, el Supremo Malvado revelaría su rostro y Gregorius le escupiría a la cara.

 

El mundo exterior prosiguió su camino, y Gregorius fue incluido en el mismo grupo que otros reclusos arruinados por las riquezas. Su Locura, término con el que se conocía su obra, no carecía del todo de visitantes. Algunos le habían amado demasiado como para olvidarlo —unos pocos, que habían sacado provecho de él, esperaban aprovecharse aún más de su locura—, y se atrevieron a trasponer la puerta del Nuevo Infierno. Estos visitantes realizaron el viaje sin anunciar sus intenciones, temerosos de encontrarse con la desaprobación de sus amigos. Las investigaciones para esclarecer su desaparición jamás lograron ir más allá de África del Norte.

 

Y en su Locura, Gregorius seguía persiguiendo a la Serpiente, y ésta lo eludía, no sin dejar más y más terribles señales de su presencia a medida que pasaban los meses.

Fue la esposa de uno de los visitantes desaparecidos quien finalmente descubrió la verdad, y advirtió a las autoridades. La Locura de Gregorius fue puesta bajo vigilancia, y finalmente —unos tres años después de ter­minada—, un cuarteto de funcionarios tuvieron la bravura de trasponer la puerta.

Sin el debido mantenimiento, la Locura había comenzado a deteriorarse de mala manera. En muchos de los niveles fallaban las luces; las pa­redes se habían enfriado; sus pozos de alquitrán se habían solidificado. A medida que los funcionarios se internaron en sus bóvedas oscuras en bus­ca de Gregorius, hallaron amplias evidencias de que, a pesar de su decré­pita condición, el Nuevo Infierno continuaba en perfecto funcionamiento. En todos los hornos había cuerpos con caras enormes y negras; en muchos cuartos había restos humanos sentados y colgados, degollados, o descuartizados.

El terror de los funcionarios fue creciendo con cada puerta que abrían, con cada nueva abominación en la que posaban los febriles ojos.

Dos de los cuatro que traspusieron la puerta jamás llegaron a la cáma­ra del centro. El terror pudo con ellos mucho antes, y huyeron para ser acechados en algún pasadizo sin salida y añadidos a los cientos que ha­bían perecido en la Locura desde que Satán fijara allí su residencia.

De los dos que finalmente desenmascararon al culpable, sólo uno tuvo el coraje de contar lo que vio, aunque las escenas que presenció en el corazón de la Locura eran demasiado terribles para expresarlas en palalabras.

No había señales de Satán, naturalmente. Allí sólo se encontraba Gregorius. El maestro constructor, al no hallar a nadie que habitara la casa que tantos sudores le costara, la había ocupado él mismo. Le acom­pañaban unos cuantos discípulos que había logrado reunir a lo largo de los años. Al igual que él, parecían criaturas corrientes. Pero en el edificio no había instrumento de tortura del que no hubieran hecho un uso prolijo y despiadado.

Gregorius no se resistió al arresto; en realidad, pareció satisfecho de contar con una plataforma desde la que vanagloriarse de sus carnicerías. Posteriormente durante el juicio al que fue sometido, habló libremente de su ambición, de sus apetitos, de toda la sangre que seguiría derramando si lo dejaban en libertad. Juró que sería suficiente como para ahogar todas las creencias y sus ilusiones. Pero aquello le supo a poco. Porque Dios se pudría en el Paraíso y Satán en el Abismo, ¿y quién iba a detenerlo?

Durante el juicio fue muy vilipendiado, y posteriormente, en el mani­comio, donde murió al cabo de dos meses escasos en circunstancias poco claras. El Vaticano destruyó todos los informes que sobre él guardaba en sus archivos; los seminarios fundados en su impío nombre fueron disueltos.

Pero incluso entre los cardenales, hubo quienes no lograron olvidar su impenitente maldad, y en privado, algunos se preguntaban si su estra­tegia no habría triunfado. Si al abandonar toda esperanza en los ángeles, caídos o no, no se habría convertido él también en un ángel más.

O en todo lo que la Tierra podía soportar de semejantes fenómenos.

jueves, 1 de agosto de 2013

Agosto, día uno

AGOSTO
1
Madre nuestra que estás en la tierra

En los pueblos de los andes, la madre tierra, la Pachamama, celebra hoy su fiesta grande.
Bailan y cantan sus hijos, en esta jornada inacabable, y van convidando a la tierra un bocado de cada uno de los manjares de maíz y un sorbito de cada uno de los tragos fuertes que les mojan la alegría.
Y al final, le piden perdón por tanto daño, tierra saqueada, tierra envenenada, y le suplican que no los castigue con terremotos, heladas, sequías, inundaciones y otras furias.
Ésta es la fe más antigua de las Américas. Así saludan a la madre, en Chiapas, los mayas tojolabales:


Vos nos das frijoles,
que bien sabrosos son
con chile, con tortilla.

Maíz nos das, y buen café.
Madre querida,
cuidanos bien, bien.
Y que jamás se nos ocurra
venderte a vos.

Ella no habita el Cielo. Vive en las profundidades del mundo, y allí nos espera: la tierra que nos da de comer es la tierra que nos comerá.

Eduardo galeano, en Los hijos de los días, Siglo XXI, Buenos Aires, 2012.


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La Pasión del 1 de agosto de 2004


Todo empezó en una simple mañana,
A las 11 sonaban las campanas,
Resplandeciente sol el que reflejaba mi ventana,
Pero nadie sabía que se asomaba la mas triste semana.

No era un domingo más, era un domingo diferente,
Un domingo en que era el final de mucha gente,
Personas como todos nosotros que ahora están ausente,
Ausencia de tanta gente que en verdad se siente.
En realidad nos afecta el llamado de la muerte a personas inocentes.

Era el medio día,
Gente almorzando en armonía,
Personas comprando en compañía,
Niños jugando con alegría,
Familias enteras disfrutando de un hermoso día.

Pero nadie sabía,
Que ese día el cielo caería,
Personas entre desesperación e ira,
Pasaban momentos de agonía,
El señor se puso de pie a recibir a esas pobres vidas.

Atrapados entre llamas pasaban los peores momentos,
Lastimosamente momentos de lamentos,
Se acercaba una intensa ráfaga de viento,
Y la gente daba su último aliento.

Poca gente logro sobrevivir,
Muchas personas fueron destinadas a morir,
Familias enteras sin nada que decir,
Siendo que perdían su motivo de sonreír.

Y todos preguntamos ¿Por qué Señor?
¿Por qué no esta presente tu amor?
Hazte presente Señor,
Y que se acabe todo este dolor!!!

Terminaba el medio día,
Llegaba la tarde y se hacía cada vez mas fría,
Pues era el sufrimiento de ver a esa gente que moría,
Allí cuando el sol ya no era sol y la luna desaparecía,
Mientras los cuerpos ardían,
Mientras la gente sufría,
Dios venía, yo lo sabía,
Para abrir las puertas que no se abrían,
Pero lastimosamente no para abrir las puertas de la vida.

La maldad y la avaricia a mucha gente logró vencer,
A niños que un largo camino les faltaba recorrer,
A familias enteras que faltaban crecer,
Una simple moneda fue más importante que ver vidas perder.

Ahora ya nada queda por hacer,
Las vidas perdidas ya no hay manera de hacerlas volver.

Nadie se puso a pensar,
Que esto nos podía pasar.

Ahora por las pérdidas no evitaremos llorar,
Familiares y amigos que ya no van a estar,
Gente que ya no verá el sol brillar,
Hogares que ya nadie podrá ocupar,
Vacíos que serán difíciles de llenar,
Sufrimientos que no podremos borrar.

A pesar de eso la gente no para de dar,
En el Paraguay se ve que se sabe amar.

Este es un hecho que nos tocó el corazón,
Aunque aun muchos no entran en razón,
Todos buscan una solución,
A esta tragedia que fue una pasión.
¿Pero cómo fue que se perdieron tantas vidas por una simple equivocación?

Ahora llega la madrugada,
Gritos de madres desesperadas,
Niños sin padres abrazando su almohada,
Personas que de sufrir están cansadas,
Y huérfanos que piden auxilio con tan solo una mirada!!

Ahora todo el dolor debe terminar,
Juntos de la mano de nuevo hay que empezar a volar!!

Hermanos Paraguayos, volvamos a soñar,
Y volemos a un mejor lugar,
Donde se haga justicia sin tener que llorar,
Sin tener que lamentar,
Y juntemos nuestros corazones
Que el Paraguay PUEDE CAMBIAR!!!


Jorge "El Negro" Lafarja

Inodoro Pereyra y el loro de la OTAN [Roberto Fontanarrosa]


martes, 30 de julio de 2013

EL MONDONGUERO [Las Mil y Una Noches]

 

Cuentan que un día, en la Meca, en la época de la peregrinación anual, cuando la multitud compacta de los hadjs daba las siete vueltas alrededor de la Kaaba, se destacó del grupo un hombre, que se acercó a la pared de la Kaaba, y cogiendo con las dos manos el velo sagrado que cubría todo el edificio, se puso en actitud de orar, y exclamó con acento que le salía del fondo del corazón: "¡Haga Alah que de nuevo se enfade con su marido esa mujer, para que pueda yo acostarme con ella!"

Cuando los hadjs oyeron formular tan extraña plegaria en aquel lugar santo, se escandalizaron de tal manera, que se precipitaron sobre el hombre, lo arrojaron a tierra y lo molieron a golpes.

Tras de lo cual lo arrastraron a presencia del emir el-hadj, que tenía amplios poderes para ejercer su autoridad sobre todos los peregrinos, y le dijeron: "Hemos oído a este hombre, ¡oh emir! Proferir palabras impías mientras tenía cogido el velo de la Kaaba". Y le repitieron las palabras pronunciadas.

Entonces dijo el emir el-hadj: "¡Que le cuelguen!”

Pero el hombre se hechó a los pies del emir y le dijo: “!Oh emir! Por los méritos del Enviado de Alah (¡con él la plegaria y la paz) te conjuro que escuches mi historia, y luego harás de mí lo que juzgues equitativo hacer!" Accedió el emir con un signo de cabeza, y el condenado la horca dijo:

"Has de saber ¡oh emir nuestro! que tengo por oficio recoger las inmundicias de las calles, y además limpio tripas de carnero, para venderlas y ganarme la vida. Pero he aquí que un día iba yo tranquilamente detrás de mi borrico, cargado con tripas sin vaciar aún, que acababa de sacar del matadero, cuando me encontré con una muhedumbre de personas asustadas que huían por todas partes o se ocultaban detrás de las puertas; y un poco más lejos vi unos esclavos armados con largas varas, para dispersar a su paso a todos los transeúntes. Me informé de lo que podría ser aquello, y me contestaron que iba a pasar el harén de un gran personaje, y era preciso que no subiese por la calle ningún transeúnte. Entonces, como sabía que me exponía a un verdadero peligro si me obstinaba en continuar mi canino, paré mi borrico y me metí con él en el rincón de una muralla procurando que no me advirtieran y volviendo la cara al muro para no sentir la tentación de mirar a las mujeres de aquel gran personaje. No tardé en oír que pasaba el harén, al cual no me atrevía a mirar, y ya pensaba en volverme y continuar mi camino, cuando me sentí cogido bruscamente por dos brazos de negro, y vi mi asno entre las manos de otro negro que se alejó con él. Y aterrado volví la cabeza, y vi en la calle, mirándome todas, treinta jóvenes, en medio de las cuales se hallaba otra, comparable por sus miradas lánguidas a una gacela a quien la sed hiciese menos huraña, y por su talle frágil y elegante a la rama flexible del bambú. Y con las manos atadas a la espalda por el negro, me arrastraron a la fuerza los otros eunucos, a pesar de mis protestas y a pesar de los gritos y testimonios de todos os transeúntes que me vieron adosado al muro y que decían a mis raptores: "¡Pero si no ha hecho nada! ¡Es un pobre hombre que barre basuras y limpia tripas! ¡Es ilícito ante Alah detener y maniatar a un inocente!" Pero sin querer escuchar nada, continuaron arrastrándome en pos del harén.

"En tanto, yo pensaba para mí: «¿Qué delito he podido cometer? Sin duda todo se debe al olor bastante desagradable de las tripas que ha herido el olfato de esa dama, la cual acaso esté encinta y haya sentido entonces algún trastorno interno. Creo que tal será el motivo, quizá también mi aspecto un tanto repugnante y mi traje roto, que deja ver las vergüenzas de mi persona. ¡No hay recurso más que en Alah!

"Siguieron, pues, arrastrándome los eunucos, entre las protestas de los transeúntes apiadados de mí, hasta que llegamos todos a la puerta de una casa grande, y me hicieron entrar en una antesala cuya magnificencia no sabría yo describir nunca.

Y pensé en mi ánima «He aquí el sitio que se reserva para mi suplicio. ¡Me matarán, y nadie de mi familia sabrá la causa de mi desaparición!» Y en aquellos instantes también pensé en mi pobre borrico, que era tan servicial y que jamás coceaba ni derribaba las tripas o las banastas de basura.

Pero pronto me sacó de mis aflictivos pensamientos la llegada de un guapo esclavito, que fue a rogarme dulcemente que le siguiera, y me condujo a un hammam, donde me recibieron tres hermosas esclavas, que me dijeron: «¡Date prisa a quitarte esos andrajos!» Así lo hice, y al punto me introdujeron ellas en la sala caldeada, en la cual me bañaron con sus propias manos, encargándose una de mi cabeza, otra de mis piernas, otra de mi vientre: me dieron masaje, me friccionaron, me perfumaron y me secaron. Tras de lo cual lleváronme ropas magníficas y me rogaron que me las pusiese. Pero yo estaba muy perplejo y no sabía por dónde cogerlas ni cómo ponérmelas, porque nunca en mi vida las había visto iguales; y dije a las jóvenes: «¡Por Alah, oh mis señoras! ¡creo que voy a seguir desnudo, pues jamás conseguiré yo solo vestirme con estas ropas tan extraordinarias!»

Entonces se acercaron ellas a mí riendo, y me ayudaron a vestirme, haciéndome al mismo tiempo cosquillas, y pellizcándome, y tomando a peso mi mercancía, que encontraron enorme y de buena calidad. Y en medio de ellas no sabía yo lo que iba a ser de mí, cuando, después de vestirme y rociarme con agua de rosas, me cogieron del brazo, e igual que se conduce a un recién casado, me guiaron a una sala amueblada con una elegancia que nunca sabrá describir mi lengua, y adornada de pinturas con líneas entrelazadas y coloreadas de un modo muy agradable. Y apenas entré allí, vi tendida perezosamente en un lecho de bambú y marfil, y vestida con un traje ligero de tela de Mossul, a la propia dama consabida, que estaba rodeada por algunas de sus esclavas.

Al verme me llamó, haciéndome señas para que me acercara. Me acerqué, y me dijo que me sentase; me senté. Ordenó a las esclavas entonces que nos sirvieran la comida; y nos sirvieron manjares asombrosos, cuyo nombre no podré citar nunca, pues nunca en mi vida los vi semejantes. Comí de algunos para satisfacer mi hambre, y después me lavé las manos para comer frutas. Entonces trajeron las copas de bebidas y los pebeteros llenos de perfumes; y cuando nos perfumaron con vapores de incienso y benjuí, la dama me sirvió de beber con sus propias manos, y bebió conmigo en la misma copa, hasta que nos pusimos ebrios ambos.

Entonces hizo una seña a sus esclavas, que desaparecieron todas y nos dejaron solos en la sala. Al punto ella me atrajo hacia sí y me cogió en sus brazos. Y la serví la confitura para que se endulzase, dándola los pedazos de fruta a la vez que el escarchado. Y cuando la oprimía contra mí, me sentía embriagado por el perfume de almizcle y ámbar de su cuerpo, y creía soñar o tener en mis brazos alguna hurí del paraíso.

"Así estuvimos enlazados hasta por la mañana; luego me dijo ella que había llegado el momento de que me retirara, pero no sin preguntarme dónde vivía; y cuando le di las indicaciones necesarias acerca del particular, me dijo que mandaría que me avisaran en el momento favorable, y me entregó un pañuelo bordado de oro y plata, en el cual había algo atado con varios nudos, diciéndome: `¡Para que compres un pienso a tu burro!" Y salí de su casa absolutamente en el mismo estado que si saliera del paraíso.

"Cuando llegué a la mondonguería donde tenía yo mi vivienda, desaté el pañuelo, diciéndome: «¡Tendrá cinco monedas de cobre, con las que al fin y al cabo habrá para comprar el almuerzo! »

Pero ¡cuál no sería mi sorpresa al encontrar cincuenta mitkales de oro! Me apresuré a hacer un agujero, enterrándolos allí, en previsión de días peores, y por dos monedas de cobre me compré un pan y una cebolla, con lo cual hice mi comida, sentado a la puerta de mi tripería y soñando con la aventura que me acaeció.

"A la caída de la tarde fué un esclavito a buscarme de parte de la que me amaba; y le seguí.

Cuando llegué a la sala en que me esperaba ella, besé la tierra entre sus manos; pero me levantó ella enseguida y se echó conmigo en el lecho de bambú y de marfil, y me hizo pasar una noche tan bendita como la anterior. Y por la mañana me dió otro pañuelo de oro. Y seguí viviendo de tal suerte durante ocho días enteros, disfrutando cada vez un festín de confitura seca por una parte y otro de confitura húmeda por otra, y cincuenta mitkales de oro para mí.

"Y he aquí que una noche me había presentado en su casa, y estaba ya en el lecho dispuesto a desempaquetar mi mercancía, como de costumbre, cuando de pronto entró una esclava, dijo algunas palabras al oído de su ama, y me arrastró vivamente fuera de la sala para llevarme al piso de encima, donde me encerró con llave, y se fué. Y al propio tiempo oí en la calle patear de caballos, y por la ventana que daba al patio vi entrar en la casa a un joven como la luna, acompañado por un séquito numeroso de guardias y de esclavos.

Entró en la sala donde se hallaba la joven, y pasó con ella toda la noche, entre holgorios, asaltos y demás cosas parecidas. Y yo oía sus movimientos y podía contar con los dedos el número de clavos que sepultaban por el ruido asombroso que cada vez hacían.

Y pensaba en mi ánima: “¡Por Alah! ¡han instalado en la cama una herrería, y debe estar muy caliente la barra de hierro para que suene de esa manera el yunque!”

"Por fin cesó el ruido a la mañana, y vi al joven del martillo retumbante salir por la puerta grande y marcharse seguido de su escolta. Apenas desapareció, cuando fué a buscarme la joven, y me dijo: «¿Viste al joven que acaba de partir?» Contesté: «¡Sí, por cierto!» Ella me dijo: «¡Es mi marido! ¡Pero voy a contarte enseguida lo que ha pasado entre nosotros y a explicarte el porqué hube de escogerte por amante!

Has de saber que un día estaba yo sentada junto a él en el jardín, cuando me dejó de repente para desaparecer hacia la cocina. Primeramente creí que iba a satisfacer una necesidad apremiante; pero al cabo de una hora, como no le veía volver, fui en busca suya adonde pensaba encontrarle, mas no estaba allí. Volví sobre mis pasos entonces, y me dirigí a la cocina, para preguntar por él a los criados. Y al entrar le vi acostado en la estera con la servidora más ordinaria, la que fregaba los platos. Al ver aquello, me retiré a toda prisa e hice juramento de no recibirle en mi lecho mientras no me hubiese vengado de él entregándome a mi vez a un hombre de la condición más baja y del más repulsivo aspecto. Y al punto empecé a recorrer la ciudad en busca de aquel hombre.

Y he aquí que hacía ya cuatro días que recorría las calles con tal propósito, cuando te encontré, y tu aspecto sucio y tu olor infecto me decidieron a escogerte como el hombre más repugnante entre todos los que había visto. Ahora ha pasado lo que ha pasado, y yo cumplí mi juramento al no reconciliarme con mi marido más que después de haberme entregado a ti.

¡Ya puedes retirarte, por tanto, y ten la seguridad de que si mi marido volviera a acostarse con alguna de sus esclavas, no dejaría yo de hacer que te llamasen, para darle su merecido!»

Y me despidió, regalándome cuatrocientos mitkales más como gratificación. ¡Me marché entonces, y vine aquí a implorar de Alah que incitara al marido a volver al lado de la sirvienta, para que la mujer me llamase a su lado! Y tal es mi historia, ¡oh señor emir el-hadj !"

Y al oír estas frases, el emir el-hadj se encaró con los circunstantes, y les dijo: "Hay que perdonar sus palabras condenables a este hombre, porque la excusa su historia!"