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Las ramas tiritan. Las tiesas ramas crepitan.

martes, 3 de enero de 2012

El silencio

 

El silencio es una tumba. Es una demanda universal que me hace ella porque soy una partícula de mierda que conforma todas las dimensiones de la mierda que puedan ocurrírsele a un ser humano. Tengo los dedos llagados, la lengua hecha pedazos -pienso que piensa ella. Mi nudo es una garganta. Mis ojos no miran, no quieren verte, quieren cerrarse, dormir. No quiero tus manos, la forma de tus manos, la caricia de tus manos, la forma de tus caricias, que son un espécimen sádico de lo cariñoso, un golpe de suerte, un golpe de calor, un galope, una pedrada al beso. No quiero ni te quiero, hoy, que es un viernes, o es un día de la semana cuyas leyes me resultan hoy indescifrables, como el deseo –que no me tiene. En ademán ya me rechaza y la repugno, soy callado, soy el que calla, ella calla, ella es el silencio, y mi corazón un trampolín hacia un campo de espineles, de fusilamiento a ciencia cierta. Yo soy una ballena tratándole de surcar los mares. Ella es un impulso, una ostra perpetua, un capullo ante el anochecer, cerrado, como una esquirla de amor, como su vorágine, acaso como su anhelo disipado. Yo camino casi malandrín recorriéndola, ella me da un beso en el aire, ella quiere el aire, ama el aire, ama la libertad, escaparse de mí, fortalecerse, guarecerse, desguadarramarse. Es ella, su ley, su noche, su horadaje, el lecho donde descansan sus hijos y sus peces. Es ella, atravesada por la decisión, acaso ofendida y mucho más, acaso libre, percibida libre, decidida libre. Es ella, acurrucada a mi costado, aplanándome con unos zarpazos suaves, con la punta de sus pies, con su inexpugnable pensamiento, con sus límites desbordados de sí misma, ante mi, sumiso, torpe, usado, deshauciado, degenerado, asqueroso y ruin. Ella es la que calla. Muero. Es su silencio.

domingo, 4 de diciembre de 2011

“M’hijo, el dotor”: Composición del drama rural

 

Por Rodrigo N. Villalba Rojas

El Taller de teatro de Los Gregorianos estrenó recientemente la emblemática obra “M’hijo el dotor”, de Florencio Sánchez, en una puesta afectada de realismo y una atmósfera entre lo urbano y rural cercana a los inicios del siglo XX, bajo la dirección de Lázaro Mareco. La historia retrata con agilidad las tensiones vigentes hasta nuestros días entre las costumbres tradicionales de nuestros mayores, frente a la pérdida de valores de las nuevas generaciones. En ese clima discordante, será el destino de la joven ahijada el último e infeliz motivo de fractura en la relación de padre e hijo.

El texto de Florencio Sánchez fue respetado en gran medida, aunque la mano del director aporta una secuencia interesante para completar el escenario: las sombras chinescas, que representan el ambiente exterior a la estancia, imprimen un tono diferente a la acción. Cuando Jesusa (Mariela Toledo), la protagonista, sale a buscar un tordo extraviado, es la luz posterior de escena la que nos devuelve su silueta contra una pantalla de lienzo, y en una película de sombras, como un pecado, vemos el acoso de Julio (Hugo Cabrera) a la chica.

Las luces, a su turno, aportan lo justo y necesario para crear espacios de comunicación o de reflexión de los personajes, lo sombrío, lo místico popular, y lo cotidiano en diferentes momentos. Los objetos escénicos crean el lugar con la sencillez de la referencia inmediata propia del realismo, y dejan el resto del escenario a la interacción lumínica.

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Los intérpretes hacen ver el empeño por desenvolverse satisfactoriamente. Sobresale especialmente el motivo de la tríada formada por Jesusa, Don Olegario (Tomás Caballero) y Doña Mariquita (Ida Pilone). El martirio de Jesusa se roba el papel protagónico, como sabemos, traicionando al título; mientras el personaje encarnado por Caballero con notable naturalidad, se corresponde con el de Ida Pilone, en justo rol dramático, a pesar de que subsisten en la actriz algunos tics capturados de otros papeles anteriores.

La interpretación resulta algo más ríspida en las figuras masculinas de Julio y Don Eloy (Julio Meza), tanto más cuanto mayor es su importancia en el desarrollo del drama. Los jóvenes actores, se nota, aún se hallan en proceso de composición de sus papeles, trabajando en la búsqueda de la interpretación natural, donde no se evidencie, como aquí asomaba por momentos, cierta dificultad en conjugar el cuerpo y la voz, cierta tendencia a la rigidez de lo sobreactuado. Así, las actrices lograron mayor naturalidad y varios roles menos efímeros, incluida la Mamá Rita, curandera de Laura Duré que se gana su lugar frente al público.

Por lo demás, la reflexión constante sobre el desenvolvimiento escénico, siempre favoreció a los actores para llegar a buen puerto, y esa labor se hace evidente en la composición viva del drama.

FICHA TÉCNICA:

Obra: “M’hijo el dotor”
Autor: Florencio Sánchez
DIRECCION: Lázaro Mareco

Grupo Taller de teatro de Los Gregorianos

ELENCO: Ida Pilone, Mariela Toledo, Laura Saavedra, Elvira Insfrán, Laura Duré, Tomás Caballero, Hugo Cabrera, Julio Meza, Facundo Navarro.
Estrenado el 05/11/2011

Sala: Los Gregorianos (Ayacucho 171)

lunes, 29 de agosto de 2011

LA ISLA DESIERTA - Cómo desbordar la oscuridad

Por Rodrigo N. Villalba Rojas

El grupo Ojcuro está conformado por actores videntes y no videntes. En el marco de la Fiesta Internacional de la Integración y el Reconocimiento presentaron LA ISLA DESIERTA de Roberto Arlt, en una versión inigualable.

FICHA TÉCNICA:
Obra: LA ISLA DESIERTA
Autor: Roberto Arlt
Dirección: José Menchaca
Elenco: Francisco Menchaca, Eduardo Maceda, Laura Cuffini, Marcelo Gianmarco, Mirna Gamarra, Verónica Trinidad, Juan Mendoza, Mateo Terrile, Andrés Terrile, Jesús Igriega. Sonidos: Cruz Aquino.
Sala: Salón Dorado, Hotel Internacional de Turismo, Formosa.
Puesto en escena el día 17/08/2011


A propósito de ciegos que guían a otros ciegos (hoy, la frase, más afortunada que nunca), va siendo hora de que empecemos a reconocer como propio y posible el mundo “a oscuras”. ¿Alguno “vio” esta obra? “La isla desierta” (Roberto Arlt, en puesta del Grupo Ojcuro, Bs. As.) comienza siendo un viaje iniciático, un descenso a los orígenes, al abismo, a la profundidades que, contrariamente a lo que muchos de nosotros creíamos, son un destello inabarcable, una suma infinita de estímulos que raya la locura y el deleite -locos de nosotros, jubilosos de reconocer el mundo, aún a oscuras-, y comprime el alma, el estómago, el espíritu, y lo prepara para la explosión, para la expectativa del nacimiento. ¿Lo sintieron? Es nacer de nuevo, a oscuras. Es nacer al mundo a oscuras. Parteras con forma de hombros de los que debemos ceñirnos y avanzar. Parteras de voz dulce, cuya cadencia sugiere una plenitud y una calma irrepetibles. Que nos hablan a través del perfume, de la seguridad, del tacto, el aliento, el amor. Sí, el amor.
Jamás habíamos sentido que entrar a una sala, sólo entrar a una sala, pudiera ser toda una experiencia épica. Y luego el silencio, el caos de las otras voces desesperadas como parturientas primerizas, y las voces comadronas tiñéndonos de calma.
Isla desierta, paisajes, ventanales, luz solar, eléctrica, sepulcro. Esa mezcla rara de estímulos visuales que no existen en la oscuridad absoluta, abren las puertas inmensurables del oído y el olfato, abrumados por esos ritmos severos de traqueteos mecanográficos, contra las voces que se imponen; abrumados por esos olores fragantes, indefinibles, exquisitos, por magia de los cuales nuestra intuición, afiladísima y deseosa, busca parentescos naturales, semejanzas, identificaciones.
Sí, la máquina traquetea oficinista; después el olor a café, a sandía, no sé, tantos olores, tantos sonidos, barullo de monte, de ritos tropicales, tanto tacto, tanta tempestad del cuerpo y el espíritu para vivir esas dos horas que nos marcan la vida (y ellos, que tienen la vida entera cercada por el universo sensorial e invisible), que tenemos conciencia, de repente, de que no volverán a disolverse después de abandonar la sala. Nos marcan.
La emoción de cada una de las palabras regaladas al oído del espectador, compone paulatinamente el ritmo de la historia, los personajes, las situaciones, el ambiente, y dirige un espectáculo que funda su espacio escénico en el interior de uno mismo. Un espectáculo del reconocimiento de nuestras propias posibilidades, conocimientos, sensaciones, expectativas y esperanzas. Todo cifrado en un caudal en el que la voz, el mínimo detalle, la mínima inflexión, las articulaciones, los tonos, los timbres, las dimensiones, las ubicaciones de todos los estímulos en todas las direcciones de la sala y en todos los sentidos, crean un tejido de signos tamañamente densos, que reducirlas a una descripción estética, a un registro sonoro, a una foto, no darían una idea aproximada de la experiencia, nunca. He ahí el valioso y meritorio papel de aquella docente que encauzara a sus alumnos a una de las puestas. Un niño con una experiencia de riqueza desmedida, no la olvida jamás.
La isla desierta, ni es una isla, ni es desierta. La oscuridad no es una oscuridad. No es, en fin, un descenso. El abismo tampoco es tal, y mucho menos la vista, la luz, los colores. Sólo somos nosotros, cada uno de nosotros, y en conjunto, inmersos en el mundo, sin visión, ni noción de la luz y, por eso mismo, también, sin límites.
 

sábado, 14 de mayo de 2011

“SÓTANO II” - Profano y religioso

 

Por Rodrigo N. Villalba Rojas

Antes que nada, cómica, “Sótano II”, a través de sus accidentados vaivenes entre la parodia religiosa, los vicios, y el lado ridículo de nuestro mercado, saca jugo a la cara ramplona del negocio del contrabando –sobre todo el de cigarrillos, insignia de la realidad formoseña–, y la viveza criolla, que sobra por donde se nos mire.

Y cruzado esto oportunamente con los vicios y corrupción a que nos tiene acostumbrados la liviandad decadente de ciertos oficiantes católicos, apunta a generar un espectáculo deliberadamente dispar y satírico: manejo de la trama que trae a memoria los tipos de la clásica comedia de caracteres, más los recursos al anclaje y sus localismos, que resultan altamente efectivos a la hora de desencadenar la carcajada en la sala.  

Notables cuadros humorísticos, que confeccionan la trama, disimulan su sencillez; y aunque el chiste fácil y su innecesaria reiteración, en alguno que otro momento, tratan de redondear una secuencia ya suficientemente definida, están aquellas que, por su ingenio, se bastan a sí mismas: la exposición y traslado de la inerte hermana Catalina hacia el sótano; las reacciones de sorpresa desmesurada de la hermana María; y la desvergonzada sesión de fechorías lujuriosas con el inconsciente Monseñor (Francisco Gayoso), que a la larga será devorado por el chantaje y el torbellino de vicios.

La hermana María (Natalia Ruíz), mundo propio, carácter enredado, inyecta al argumento su ritmo hiperactivo, devora con rudeza, ruin y mezquina, llora a lo loco y gesticula maquiavélicamente, y por la solución entre su expresiva solemnidad y cierta chabacanería ampulosa, colma el espacio de acción y resume el enfrentamiento de la afilada lascivia y el recelo de su compañera (Isidora Núñez), contra la compostura severa del Monseñor, inquisidor venido a menos.

A escenario pelado, y con lo justo y necesario de luces y disfraces, identificando al formoseño medio en sus buenas prácticas, “Sótano II” resulta suficiente de humor y fábula, para pasar el rato divertidos y sin despegarnos del bendito suelo.

 

FICHA TÉCNICA

Obra: SÓTANO II
Dirección: Isidora Núñez
Elenco: Natalia Ruíz, Isidora Núñez, Francisco Gayoso, y actriz invitada
PUESTA EN ESCENA EL 06 de MAYO de 2011
en SALA LOS GREGORIANOS

FORMOSA, 06/05/2011

domingo, 21 de noviembre de 2010

Arriba la Psicolingüística!!!

 

3beber

Fases del proceso de lectura, y sus tareas

FASES

TAREAS

LOGOGRÁFICA

- El niño utiliza todos los indicios que le permiten el reconocimiento de la palabra;

- establece vínculos entre las configuraciones escritas y las significaciones;

- la palabra se aprende de memoria y luego será reconocida de manera global, en especial a partir de diversos indicios extralingüísticos presentes en el entorno (colores, imágenes, rasgos visuales de palabras)

- se produce una lectura adivinanza, como una estrategia que consiste en seleccionar la respuesta más probable a partir de cierto número de indicios; el niño comete errores semánticos frecuentes, ya no lee la palabra, sino que adivina.

ALFABÉTICA

- El niño utiliza la mediación fonológica: establece correspondencias entre lo escrito y lo oral, convierte grafemas en fonemas. Esta fase depende en gran medida de las capacidades de análisis fonológico, es decir, de la capacidad de localizar en la palabra unidades de segmentación inferiores a la palabra (rimas, sílabas, fonemas). Se habla de procedimiento de acceso indirecto: el reconocimiento de la palabra pasa por la mediación fonológica.

- Utiliza analogías para descodificar palabras nuevas: esto comienza como… El procedimiento consiste en descodificarlas explotando las similitudes ortográficas con otras palabras ya conocidas. Utilizar el contexto y el procedimiento analógico le permite al lector establecer correspondencias escrito/oral, tanto aisladamente, como en secuencias de letras.

- La mediación fonológica se ejerce tanto sobre los grafemas, como también sobre unidades intermedias entre la palabra y el grafema: la sílaba oral puede descomponerse en dos constituyentes: el inicio y la rima.

ORTOGRÁFICA

- El niño utiliza el procedimiento de acceso directo, gracias al cual reconoce directamente la palabra. Las palabras se analizan en unidades ortográficas sin recurrir sistemáticamente a la conversión fonológica.

- La palabra no se identifica con base en una configuración visual global, sino con base en unidades ortográficas (grupos de letras) que pueden combinarse en diferentes palabras. Esto permite la lectura de palabras irregulares para las cuales la mediación fonológica ya no admite que se decida entre varias lecturas posibles (corona del rey, corona del diente)

Diferencias entre lengua oral y lengua escrita

LENGUAJE ORAL

LENGUAJE ESCRITO

Adquisición natural. Aprendemos a hablar escuchando y hablando, es decir, participando en contextos en que se practica el lenguaje oral.

Adquisición artificial. La escritura no parece formar parte todavía de nuestro desarrollo natural.

Lenguaje dialógico. Tiene como base el diálogo, lo que supone la presencia oral de los comunicantes, quienes van generando el discurrir de la conversación en el mismo proceso comunicativo. Se puede matizar el sentido de lo expresado en función de las respuestas del interlocutor, de nuestra propia idea de cómo ha sido captado.

Lenguaje monológico. En él, el interlocutor es imaginario, sea figurado o real, pero siempre es un interlocutor ausente. Entre los comunicantes, no hay posibilidades de matización del mensaje, si fuera necesario.

Con aporte paralingüístico. Se dispone de apoyos paralingüísticos y expresivos paralelos a los propiamente lingüísticos, que otorgan por si mismos significado.

Sin aporte paralingüístico. No existe el valor de lo gestual, y no puede hacerse uso de los recursos suplementarios propios del lenguaje oral.

Motivación compartida. Las motivaciones sobre lo que se dice se van gestando en el transcurso de los intercambios verbales, y en consecuencia se crea la continuidad de la conversación.

Motivación unilateral. Nos vemos obligados a crear nosotros las situaciones del discurso, las motivaciones para que sea leído y comprendido: las motivaciones para lo escrito deben estar claras de antemano. Vygotski: el lenguaje escrito pasa por una interiorización del control de la actividad lingüística.

Primer sistema de señales. Se utilizan palabras que refieren directamente a cosas.

Segundo sistema de señales. Se utilizan palabras que son la representación de las palabras del lenguaje oral, lo que supone hacer una abstracción más allá de la realizada en lo oral.

Innecesaria metafonología. No necesitamos hacer representaciones de las palabras, ni aún menos de segmentos de éstas como son los fonemas, no precisamos tener conciencia de la existencia de tales unidades de la lengua, ni se llega al significado a través de actividades metalingüísticas.

Necesidad metafonológica. Aprender a leer y escribir en el sistema alfabético supone elaborar representaciones fonológicas, establecer un sistema de correspondencias fonema-grafema, que exige una reflexión sobre la lengua. Es necesaria la conciencia metalingüística, es decir, la toma de conciencia de la estructura fonológica del lenguaje.

Contextualizado. Los hablantes comparten el contexto situacional, así como los conocimientos necesarios, en torno a éste, para la comunicación.

Descontextualizado. El contexto de situación desaparece. La distancia existente entre quien escribe y quien lee hace de lo escrito una comunicación más descontextualizada, con lo cual el conocimiento compartido es menor y el peso de la comunicación recae en el texto mismo, lo que exige que éste sea lo suficientemente explícito y dependiente del contexto.

Rasgos extralingüísticos. La identidad del hablante está presente en el hecho conversacional. La presencia física de los hablantes da información sobre cómo es el interlocutor, lo que facilita claves relativas a cómo podemos y debemos comunicarnos con él.

Sin rasgos extralingüísticos. La identidad se neutraliza en lo escrito, se pierden esos rasgos extralingüísticos con la ignorancia de parte de la información que ello proporciona.

Mayor rapidez en la producción. Es más inconsciente e involuntario.

Más lento en la producción. Es más consciente y voluntario. Requiere un proceso de realización más preciso y elaborado.